Al hombre que escribió La Edad de Oro

Por estos días en los que se habla de ti sin medidas, quiero dedicarte pequeñas palabras, nada semejantes a las sabias enseñanzas que dejaste para los que estamos hoy y los que estarán mañana.

A ti por esas letras que de chico los maestros compartían en aquellas clases de Historia, Español o Ciencias. A ti por legarnos el independentismo, el patriotismo y el antimperialismo, tan reales como lo planteaste y tan necesarios como única manera de ser eternamente libres. Creo que si asumimos un pedazo de ellos, seremos mejores, seremos por encima de todo humanos.

Estoy seguro que recuerdas al Padre de la Patria, a Céspedes, ese del que hablaste y encontraste millones de valores que hoy nos corresponde seguir, pero quizás no imaginaste alguien encargado de dar continuidad a tu sabiduría. Ese alguien existió y aún vive, se llama Fidel… ¡Qué hombre! Si lo hubieses conocido; me imagino cuántas preguntas le hubieses hecho, y no iba a faltar tu firma en algún ejemplar de La Edad de Oro, porque de niño seguro también fue el libro de él como el de tantas generaciones.

Fidel siempre vestía de verde, es el color de nuestras montañas, de la esperanza, el color que trajo la victoria definitiva y con el que si fuera necesario nos volveríamos a vestir. Estuviste en su corazón, en la fotografía más querida, en los discursos, en las transformaciones y en un alegato llamado La Historia me Absolverá que exigía cambios, desmentía al enemigo y hacía crecer tu propia nación. ¡Ah! y quiero que sepas que triunfamos el 1 de enero de 1959, el protagonista fue Fidel… tiempo después la realidad lucía diferentes, con todos y para el bien de todos. Aparecieron nuevas escuelas, y muchas llevan tu nombre para así agradecer las visiones del mundo que nos dejaste.

A ti dedican cada año una Marcha de Antorchas encendidas que simbolizan el camino verdadero, la luz infinita y el compromiso de hacer cumplir la obra de la Revolución. Jóvenes, parecidos a nuestros valerosos héroes, guiados por el brillo del fuego, asaltan de alegría las calles de los municipios para que sigas aquí, cerca de la gente… cerca de los corazones.


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