
En una carta a su amigo Manuel Mercado, Martí confiesa: “Entro en esta empresa con mucha fe y como cosa seria y útil, a la que la humildad de la forma no le quita cierta importancia de pensamiento.”
Había comenzado La Edad de Oro, obra magna que lo devuelve a la infancia, justamente cuando en su época la infancia era considerada poco seria, inútil, sin importancia y menos aún, con pensamiento.
Era julio de 1889 y aquella revista mensual de 32 páginas, escrita íntegramente por José Martí, demostró con sus postulados formativos y estéticos, no solo vigencia, frescura imaginativa, belleza de emoción y lenguaje que la conectan de inmediato con la infancia, sino también, universalidad en sus valores humanos y un claro propósito emancipador dirigido a los niños de nuestra América.
Comenzaba Martí a preparar la guerra necesaria que daría a Cuba su definitiva independencia. Vivía entre los tabaqueros y sus clubes patrióticos: gestaba así el Partido Revolucionario Cubano y el órgano de prensa que le diera voz (el periódico Patria). En medio de ese titánico esfuerzo, halló tiempo en Nueva York para publicar de julio a octubre, los 4 números de La Edad de Oro.
“Los que esperaban -continúa su carta-, con la excusable malignidad del hombre, verme por esta tentativa infantil, por debajo de lo que se creían obligados a ver en mí, han venido a decirme, con su sorpresa más que con sus palabras, que se puede publicar un periódico de niños sin caer de la majestad a que ha de procurar alzarse todo hombre.”
Sorprende todavía la modernidad de las formas narrativas usadas por Martí en La Edad de Oro (especialmente en cuentos como “La muñeca negra” y “Bebé y el Señor Don Pomposo”), convirtiendo al lector en testigo y cómplice de los hechos, empleando un lenguaje íntimo y apelando a las sensaciones y los sentidos. Antes que Martí, en la literatura infantil, nadie había alcanzado una cercanía tan impresionante entre los personajes, el narrador y el público.
Además de poseer dos cuentos en cada número, la revista poseía dedicatoria dos poesías, tres ensayos y una despedida.
A 130 años de publicada, La Edad de Oro trasciende por ser una incitación permanente al conocimiento, al amor y la justicia, tanto como por su valor literario y estético. Recomendar su lectura a pequeños y adultos es reencontrarnos con Martí y alimentar el niño que llevamos dentro.

