La muerte del líder socialista ruso Vladimir Ilich Lenin impactó al mundo aquel 21 de enero de 1924. Mientras, en Cuba, Antonio Bosch Martínez, alcalde del habanero municipio de Regla decidió dictar una resolución donde disponía la siembra de un olivo y dos minutos de silencio para así recordar –coincidiendo con la hora y le fecha de la exhumación, al guía de la Revolución de Octubre y fundador del Partido Comunista de la Unión Soviética.
El olivo de hojas perennes, robusto y de corteza finamente fisurada, se plantó en la Loma del Fortín, a la que llamamos hoy Colina Lenin. En ese sitio, seis días después de la muerte del dirigente ruso, nacía de nuestra tierra el homenaje perenne mientras en Moscú se efectuaban los funerales.
Según lo cuenta la historia, el sitio desde aquel momento devino símbolo y lugar de concentración del proletariado habanero, además fue el lugar donde se le rindió por primera vez homenaje fuera del territorio de la URSS.
Junto al pueblo de Regla convocado para la ocasión, Bosch definió a este hombre como “Gran Ciudadano del Mundo” por toda la labor realizada en su país, que más tarde sirvió de referente para el resto de las naciones del orbe.
En 1984, se instaló un complejo monumentario en el área realizado por la artista cubana Thelma Marin. El conjunto escultórico está compuesto por un monolítico busto de Lenin en bronce y doce enormes figuras humanas en mármol en torno al olivo, además de otras figuras que complementan el monumento y un altorrelieve perpetrado en bronce con el rostro del líder.
Desde uno de los lugares más altos del municipio de Regla crece vigoroso el árbol de la paz, oxigenando de cambios y justicia a la Cuba entera. No hubo mejor homenaje para agradecer al hombre que enfrentó numerosos desafíos hasta tanto ver unido a su pueblo, a sus similares… Gloria viva se respira cerca del capitalino sitio en el que convergen las ideas de dos naciones, cómplices de la sinceridad, la mesura y la igualdad.