Las hermanas de Martí

De izquierda a derecha: Leonor Petrona Martí y Pérez, (Chata) Rita Amelia Martí y Pérez (Amelia), María Salustiana Martí y Pérez (Ana), María del Carmen Martí y Pérez (La Valenciana), Antonia Bruna Martí y Pérez.De izquierda a derecha: Leonor Petrona Martí y Pérez, (Chata) Rita Amelia Martí y Pérez (Amelia), María Salustiana Martí y Pérez (Ana), María del Carmen Martí y Pérez (La Valenciana), Antonia Bruna Martí y Pérez.

Martí tuvo 5 hermanas, él como varón era el protector de ellas. Rodeado de mujeres creció y escuchaban las voces de sus hermanas, guiado por su madre. Una mujer de carácter.

Sus hermanas veían con respeto y admiración, desde la modestia de su instrucción, frente al talento cultivado del joven Martí, a sus tempranas dotes de escritor y periodista formadas todas dentro de una sociedad patriarcal que reducía a la mujer al espacio privado del hogar.

 

Leonor fue la primera de las niñas en nacer, y apodaron La Chata. Luego llegó Mariana Matilde, a la que Pepe sólo llevaba tres años y a la que todos llamarán Ana. Ella fue indudablemente su compañera de juegos, de afinidades y por eso, su hermana más querida.

 

Después vendría María del Carmen que, por nacer en la península, le llamaron en la casa La Valenciana. Más tarde María del Pilar Eduarda, Rita Amelia, Antonia Bruna y Dolores Eustaquia.

 

La pequeña María del Pilar falleció con sólo seis años, inundando de dolor a la familia por la pérdida. Todas ellas constituyeron esa geografía familiar donde el niño desarrolló su infancia y luego emergió el adolescente.

 

Las chiquitas, como Martí les llamaba, junto a su madre bordaron aquellas almohadillas para que el padre tratara de aliviar el roce de las cadenas sobre su piel lacerada cuando estuvo preso en las Canteras de San Lázaro.

 

El mayor dolor lo vivió cuando llegó a la estación de Buenavista, el 10 de febrero de 1875 y descubrió en el brazo de Don Mariano, la señal del luto porque habían perdido a Ana, entonces novia del pintor mexicano Manuel Ocaranza.

 

Ella, la hermana adorada, le inspiró versos. En los apuntes plasmó "Ana mía.- Perdona si mis versos son malos.- Así brotan de mí en este momento.-Yo no corregiría nunca lo que escribiera para ti...".

 

"Linda hermanita mía:

Feliz es el momento en que recibo

Carta tuya; feliz es este día

Porque en ti pienso y de mi amor te escribo.

Versos esperas tú que te anunciaba

Allá por la pasada noche-buena:

En el revuelto mar de mis papeles

No se sabe posar la paz serena

Y, pues que soy doncel, obro sin pena

Como obran desde antaño los donceles:

Escribo, guardo, pierdo,

Te quiero mucho, y luego me perdonas,

Y, a mi loco juicio, fuera cuerdo

Pensar un triste ornarse con coronas,

Las más bellas serían

Las que tus lindas manos me darían,

Los más consoladores tus laureles

Al perdonarme por haber perdido

Aquel que, por ser tuyo, hubiera sido

El más bello papel de mis papeles,

Impaciente y estúpido el correo,

Lucha y vence mi amor y mi deseo.

Corta es mi carta, más si bien la peso,

Me une a tu imagen tan estrecho lazo,

Que es cada frase para ti, un abrazo

Y cada letra que te escribo, un beso."

 

Martí fue un hombre con grandes valores. El amor a sus hermanas lo hizo mostrar el ser amantísimo que fue en todas sus facetas.