Cuando sobra la felicidad…

Quinceañeros de la Escuela Especial ''17 de Abril''.Quinceañeros de la Escuela Especial ''17 de Abril''. Fue mi primera vez en aquella celebración que se convirtió en la muestra más genuina de inclusión y cariño por esas personitas especiales que también merecen festejar sus quince años. ¡Cuánta alegría y emoción!

Los trajes llenos de colorido, globos por todas partes, el pastel gigante y las flores, adornaron el rincón infantil destinado. Muchos querían colaborar: desde la música, los muchachos de la Escuela Profesional de Arte Eduardo Abela, en el teatro Malawy y el resto de Los Cuenteros, desde el afecto todos, incluso yo como periodista.

Los aplausos parecían no acabarse, también hubo lágrimas en los rostros de los jóvenes cumpleañeros y los visitantes. Las frases nacidas del corazón junto al beso o el abrazo eran el reflejo más puro del afecto, pero sin dudas, crear un mundo mágico cuando a veces no sobra la felicidad, puede ser la obra de mayor magnitud creada por esos arquitectos de la vida.

Para Adelaida, Ángeles, Maria Carla, Yudisleydis, Yasnay, Adolfo y Asnel sí fue un día sin igual. Estuvieron rodeados del resto de sus compañeritos, sus profesores, las autoridades que los representan y protegen además del pueblo que llegó hasta el recinto para percibir un verdadero acontecimiento de igualdad. Había tantos regalos, apenas los pude contar, aunque sí supe del esfuerzo de los estudiantes del Preuniversitario de Ciencias Exactas Mártires de Humboldt 7, quienes año tras año posibilitan la celebración de esta edad que marca la vida de los adolescentes de la Escuela Especial “17 de Abril” del Ariguanabo.

Escuché ese poema que hablaba de las primaveras, las dichas y la belleza. Baile a la par de nuestra conga y como niño, sonreí con las ocurrencias de Los Cuenteros, grandes camaradas que hacen del teatro y los títeres, el mejor regalo para los pequeños. Sentí como mi cuerpo se trasladaba al corazón de los príncipes y princesas de la fiesta, sus rostros alegres decían mucho, más la dicha de verlos disfrutar, provocaron millones de emociones en mi interior que hoy me permiten contar, desde la buena añoranza, esa mañana de enero.

Cosas así, caballero, solo suceden en Cuba, donde cada cual es merecedor. No hicieron falta alas para tocar el sueño; aunque faltó Silvio, hubo mucha voluntad y se repartió la dicha y el amor inmenso. ¡Qué bien se siente el corazón cuando se hace por el bien de los demás, cuando existe la ternura… !Cuando sobra la felicidad!


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