Maestro alfabetizador. Primera víctima el terrorismo contra el magisterio. Joven asesinado con 18 años de edad. Hablamos de Conrado Benítez, cubano nacido en Matanzas, y maestro voluntario en la Campaña de Alfabetización que se desarrollaba en la Cuba revolucionaria, la más humana de las acciones para enseñar a las masas a leer y escribir.
Conrado Benítez de niño lustró zapatos por cinco centavos en el parque de su ciudad, para ayudar a la precaria economía familiar, fue ayudante de panadería, realizó otros humildes oficios y a duras penas por las noches trataba de estudiar. “Era negro, pobre, dócil, tranquilo, reía muy poco, pero era muy cariñoso”. Así lo describen sus familiares y amigos. Y se hizo maestro. Y fue mártir. Y fue símbolo.
Sus asesinos pertenecían a la principal banda de alzados del Escambray, que cumplía instrucciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Fueron de los tantos crímenes cometidos para sembrar el pánico en las zonas campesinas y de alguna forma frenar la campaña alfabetizadora.
Los poderosos y enriquecidos siempre han deseado mantener en la ignorancia a las masas para que no luchen por sus derechos, pero las ideas rebeldes siempre asustaron a los explotadores. La noticia estremeció a la Cuba revolucionaria, pusieron fin a su vida, pero no por ello se apagaron los quinqués en las montañas, no se cayeron al suelo las cartillas y manuales, no se partió la punta de aquellos lápices afilados que escribieron el curso de la historia desde las manos de obreros y campesinos.
El día que lo mataron, aquel 5 de enero de 1961, cuentan que iba camino a la escuelita donde enseñaba a 44 adultos a leer y a escribir por las noches y a otra cuarentena de niños por las mañanas. Bajo un brazo llevaba tres libros: uno de Español, uno de Aritmética y el otro de Fisiología elemental.
En la otra mano llevaba su farol para iluminar el aula. En su cartera cuatro pesos y un retrato de su novia, muchos sueños de amor y de felicidad. En el corazón, las ideas martianas y el cariño por sus alumnos. Pero ese día, realmente el Maestro no murió. Se multiplicó en cien mil nuevos alfabetizadores que tomaron su nombre para su Brigada, y ganaron la batalla de la Alfabetización en Cuba!


