Por Real Cédula del 24 de abril de 1832, en Cuba se suprimió la pena de muerte en la horca. En su lugar se ordenó que se ajusticiara a las personas en el garrote, sin distinción de clases. La primera ejecución de garrote en la Isla se efectuó en San Antonio de los Baños.
El 22 de junio de 1832 fue ejecutada en el garrote María Dolores de la Trinidad Criolla. La negra fue acusada del asesinato del niño Tomás Ruiz, que vivía a media milla de la Villa, en el camino real que va a la laguna de Ariguanabo. La cabeza de María de la Trinidad fue colocada en una jaula y colgada de un horcón de jocuma clavado en el lugar en que se cometió el crimen. El 10 de noviembre fue ejecutado por sus fechorías Antonio Congo, el negro Brindi. El 10 de abril de 1841 fue garroteado el reo Bernardo Congo, condenado a la pana máxima por dar muerte al joven José Armenteros, en el cafetal San Antonio de Padua. La ejecución se efectuó en la fortaleza de la Punta, en La Habana.
El 9 de noviembre de 1852 fue ejecutado don Juan Mesa, condenado por asesinar a Ignacio Piñeiro, arrojando su cadáver en un pozo del ingenio de don Pedro Loregoi. El crimen fue descubierto pues el asesino dejó una mano de su víctima en el camino. La sentencia se cumplió en la plaza de Güira de Melena. En 1887 correspondió el turno en el garrote vil a los negros Benito y Manuel Campos, por el horroroso crimen cometido en la Taberna de Quiñones. En la finca Merceditas, de Güira de Melena, fue secuestrado José Amat Torres. Sus captores, Manuel Rodríguez Rivero, Amado Pérez García y Víctor Santa Cruz sufrieron la pena máxima.
El garrote estuvo enclavado en el campo conocido por Los ejidos, donde en 1860 se edificó la cárcel de San Antonio. Las primeras ejecuciones se realizaron con garrotes prestados de La Habana y Bejucal, hasta que el Cabildo de la Villa decidió construir uno, en 1834. Como dato curioso le cuento que dicho garrote nunca se usó, pues desde su construcción, las sentencias fueron ejecutadas en otras localidades vecinas.


