Cruz del Sur…de visita por la Historia de Cuba”

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Fotos: Maivy Cruz González
Las hojas secas de yagruma y palma se estremecen en el suelo al sentir la fuerza de los pasos. Más de veinte personas de diversas nacionalidades: australianos, neozelandeses, bayameses, habaneros y ariguanabenses confluyeron en un mismo espacio. Cuba y la Brigada solidaria 36 Cruz del Sur, estrecharon una vez más sus lazos de amistad. Esta vez, bajo el cielo que protege a las 54 especies de árboles y arbustos mencionados por José Martí en su Diario de Campaña de Cabo Haitiano a Dos Ríos.

Llegan a este paraje en las afueras de San Antonio de los Baños como parte de una visita a nuestro país que se extenderá hasta el 15 de enero de 2019, para conmemorar con diversas actividades el aniversario 60 del Triunfo de la Revolución. Pero caminar por el Bosque Martiano, es mucho más que tener los pies bien puestos en la tierra, es mucho más que soñar mientras la flora y la fauna cuentan sus anécdotas, visitar el Bosque Martiano del Ariguanabo es visitar la Historia de Cuba.

Así quedó evidenciado en los rostros de asombro, de alegría, de emoción al ser testigos de esas particularidades que no muchos conocen, pero que han hilvanado nuestra idiosincrasia. Rafael Rodríguez Ortiz, Felo, como todos le llaman, ha sido el narrador de una de las historias más emocionantes, de cómo se hace luz de la oscuridad, de cómo se siembra amor en tierra fértil.

Allí, unos 20 activistas de Cruz del Sur, percibieron el origen de cada planta, palparon la dureza de robles y caobas, la anchura de una ceiba en la cual se centra la atención, conocieron sobre la “casuarina”, especie oriunda de Australia que está sembrada en la periferia del Bosque.

En cada piedra se respiraba poesía, homenajes a la mujer, a Martí, al concepto de Revolución ideado por Fidel… Siguieron la senda que marca simbólicamente la travesía de los 82 expedicionarios del yate Granma. Con el sonido de la réplica de la Campana de la Demajagua, uno de los colaboradores se sintió cubano por breves segundos, y a través de preguntas y respuestas conocieron la vigencia de vocablos aborígenes que dan nombre a especies como la majagua… Vivieron la historia, porque no podía ser de otra manera.

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Y al final, casi al final del recorrido, las manos se juntaron con la tierra y con el agua, plantaron un pino que en algunos años recordará a quienes visiten el Bosque Martiano, la importancia de la solidaridad, de la cooperación, de ser útiles y sentir la necesidad de amar…

Al despedirse, Felo les ofreció su segunda casa, como lo hace con cada visitante, porque ha sido padre creador, hijo leal y celoso guardián de este “pedacito de Historia”.


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