La Guerra de los Diez Años había comenzado y un grupo de patriotas residentes en el occidente de la Isla preparaba su incorporación a la lucha. Sorteando todo tipo de obstáculos organizaron un levantamiento armado que estallaría en la Nochebuena de 1868.
El 6 de noviembre de 1868, al romperse una de las cajas de armas en la estación de ferrocarril de Candelaria, los conspiradores quedaron al descubierto y tuvieron que tomar las lomas. Pese a su resistencia cayeron prisioneros en espera de fusilamiento, pero fueron amnistiados por el Capitán General de la Isla. El 4 de diciembre de 1868 fue arrestado en su casa Federico Poey, jefe de la estación de ferrocarril de San Antonio de los Baños. Acusado de infidencia quedó recluido a la cárcel de la Villa, hasta su traslado a La Habana y posterior liberación en enero de 1869. El 8 de febrero fue arrestado nuevamente y trasladado a La Cabaña el día 10. Junto a los implicados en la Conspiración de las Biajacas fue desterrado a la isla africana de Fernando Poo.
El 24 de diciembre de 1868 todo estaba previsto para el levantamiento en San Antonio de los Baños, Güira de Melena, Alquízar, Vereda Nueva, Ceiba del Agua, Guanajay, Guayabal y Caimito. Pero los complotados fallaron a la palabra empeñada, temerosos ante las medidas tomadas por los españoles, la estricta vigilancia puesta sobre ellos, el espionaje y la carencia de armas y municiones.
Una y otra vez, durante la guerra grande, los planes insurreccionales en el occidente cubano fracasaban. No obstante los patriotas deseosos de la independencia de Cuba, dispuestos a empuñar las armas, marcharon a las maniguas de Las Villas, Camagüey y Oriente. Lejos de sus hogares, los insurrectos occidentales tronaron el acero y con cargas al machete hicieron huir a los españoles. A ciento cincuenta años de aquel intento insurgente, sus historias inspiran las luchas actuales de nuestro pueblo.