Con su alzamiento en Demajagua, el 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes inició las luchas independentistas en Cuba. Ante la clarinada oriental los patriotas de Camagüey y Las Villas se levantaron en armas sucesivamente.
En la región occidental, aunque no se desarrollaron acciones armadas de gran embargadora, sí se produjeron conspiraciones independentistas.
Pinar del Río, La Habana y Matanzas estaban más cerca de la sede del gobierno colonial, donde la concentración de fuerzas militares era mayor. La vigilancia y el espionaje eran activos y numerosos, haciendo imposible el suministro de armas y municiones. Sin embargo, la conspiración fraguada para desencadenar la lucha era numerosa.
En San Antonio de los Baños todos los comprometidos estaban alertas para cuando se diera el grito. Carlos Idelfonso García, que era el jefe del alzamiento, ya estaba en los montes con un grupo de insurrectos. Las armas fueron trasladadas por ferrocarril hasta la Villa del Ariguanabo. Descubierta la operación, al llegar a la estación de San Antonio tuvieron que esconderlas. Un gran número de los implicados fueron detenidos. Federico Poey y el joven Du-Breuil, guarda almacén y empleado de la estación, respectivamente, sufrieron la deportación a la isla africana de Fernando Poo. Ante la incertidumbre y la carencia de armas, Hilario Cisneros, hizo que algunos patriotas se alistaran en el Cuerpo de Voluntarios para obtener armamento y municiones. Así lograron reunir 50 fusiles y 2000 cartuchos.
La Junta Revolucionaria de La Habana, presidida por José Morales Lemus, deseaba hacer el levantamiento en masas de toda la provincia, pero pronto se convenció de que era imposible. Muchos, deseando incorporarse a la sublevación, embarcaron al extranjero para venir en expediciones. En La Habana y Pinar del Río se produjeron varios intentos, pero siempre fracasaron. El ingeniero Francisco Javier Cisneros propuso comenzar la insurrección por Vuelta Abajo, dado el número de simpatizantes que había en esa zona. Aprobado el plan se designó como jefe a Agustín Santa Rosa. Con un grupo de 13 o 14 compañeros, se trasladó en tren hasta San Cristóbal, donde era mayor el número de conspiradores. Llevaban consigo 80 fusiles. (Continuará...)


