“Recuerdos”

Pasa por mi lado después de tantos años. Me saluda y sonríe. Dice asombrada: “¿ese es tu niño?”. Yo asiento orgullosa. Es ahí donde nos damos cuenta de que el tiempo tiene alas grandes, y vuela, sin que apenas nos demos cuenta.

 

Su nombre es María Antonia, no podría precisar su apellido, con 6 y 7 años uno no se preocupa por los apellidos de sus maestras, sino por aprender a leer, a escribir, a sumar y restar. Pero María Antonia no solo enseñaba cálculos y letras, ella dedicaba sus días a hacernos felices. Nos mostraba la belleza de nuestro entorno y nos hizo mejores seres humanos, aunque quizás no lo sepa.

 

Es precisamente esa la razón por la que fue tan querida entre sus alumnos de la Escuela Primaria “Julio Antonio Mella”. Mi primera maestra y la que recuerdo con mucho cariño.

 

Luego, al llegar a la secundaria, la adolescencia nos transforma y aparecen nuestras preferencias. Yo, desde entonces, ya sabía que amaría las Humanidades. Pero ese gusto por la escritura no apareció porque sí… mi admiración por aquella profesora de cabello corto y voz potente incidió de alguna manera en esta periodista que soy. Observo su foto junto a mí en la graduación y no puedo más que agradecer a Elena Roig por mostrarme el camino.

 

Una vez en aquel edificio de ensueño, en aquella Humboldt que provoca nostalgia por todo lo vivido había un hombre al que todos llamaban “El Quijote”. Por varias generaciones fue el profesor de Computación, con el mayor parecido a ese personaje de Cervantes. Pero, para mí, fue un segundo padre, el progenitor de mi mejor amiga, el vigilante que no nos perdía pie ni pisada, para asegurar nuestro bienestar en aquel paraje que por tres años fue mi casa.

 

Y más tarde, en la Universidad, tuvo que transcurrir otro quinquenio, para darme cuenta de que el magisterio es alma pura personificada en catedráticas como la Doctora Miriam Rodríguez Betancourt, que desde la distancia, o bien cerca, encauzó junto a mí la investigación que me llevó a escribir estas palabras. Sin ella, quizás sí me hubiera graduado, pero no recordaría aquella época con la misma añoranza.

 

En Cuba, la Educación es orgullo, fuente de empleo digna y provechosa… pero también deja huellas en cada alumno. Con cada maestro, con cada recuerdo, se va curtiendo la esencia de lo que somos.


Del Municipio

Culturales

Deportivas

Provinciales