La realidad que vive hoy la Revolución Cubana confirma la existencia de valores en nuestro pueblo. Esos mismos valores, que se transmiten constantemente de una generación a otra y contienen lo mejor de nuestra historia.
El patriotismo, la honestidad, el respeto, y la fidelidad a la causa de los humildes, son valores que caracterizan a los hombres del presente y a la mayoría de los héroes y mártires de la Revolución Cubana. Con el triunfo definitivo, las ideas de Martí, Mella y Villena resplandecieron el primero de enero de 1959 y destellaron con su luz a un pueblo que comenzó a reconocer sus verdaderos valores siguiendo a su líder indiscutible, Fidel Castro Ruz.
El gobierno revolucionario tiene como premisa fundamental cultivar los valores éticos y morales que dan continuidad a nuestras tradiciones. El trabajo y el compromiso con la consolidación del sistema socialista, así como con los países hermanos de América Latina y el resto del mundo para quienes somos ejemplo, constituyen a la vez un estímulo para forjar convicciones y valores propios de los cubanos.
Pero si hablamos de los valores de nuestro pueblo y su consolidación durante estos años de revolución socialista, no podemos obviar el programa para el reforzamiento de valores fundamentales en la sociedad cubana actual. Un documento sin precedentes en la práctica y que tiene como basamento el concepto de Revolución expuesto por Fidel Castro Ruz el primero de mayo del año 2000.
El programa considera fundamentales para su tratamiento valores como la dignidad, el patriotismo, el humanismo, la solidaridad, la honestidad y la justicia. Las acciones sugeridas por el programa están encaminadas a luchar contra la indisciplina, la ilegalidad y la corrupción que se oponen al cultivo de los valores del socialismo, y profundizan en determinados aspectos esenciales como es la aplicación correcta de la política de cuadros que prediquen con su ejemplo y se conviertan en fieles veladores del respeto a los valores.
Considero que cada año que se suma a la revolución cubana consolida su sostenibilidad y firmeza ante los principios de su pasado, su presente y su futuro. Martí no murió aquel 19 de mayo, Fidel tampoco partió el 25 de noviembre, ambos quedaron aquí, clavados en la inmortalidad del desprendimiento, la valentía, y la fraternidad de este su pueblo.

