América despierta

Latinoamérica exigía un nuevo despertar. La lucha contra la pobreza, la exclusión social, el engaño y la violación de los derechos humanos recorría varios países de la región. Políticas neoliberales, protagonizadas por los Estados Unidos y sus aliados, pretendían romper los sueños de personas humildes, solidarias. Latinoamérica necesitaba un amanecer diferente, pero ¿cómo borrar tales discordias de la tierra que siempre soñaron libre Bolívar y Martí?

Bajo ese pretexto, comenzó a brillar junto a la luz del sol la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) entre los días 11 y 12 de diciembre de 2001, cuando se celebraba en la Isla de Margarita, la Tercera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe.

En aquella oportunidad, el presidente Chávez dijo que consistía en “un nuevo concepto de integración que no era nada nuevo, se trataba de retraer o de traer nuevamente un sueño que creemos posible, (…) de otro camino, (…) de una búsqueda, porque ciertamente la integración es vital: O nos unimos o nos hundimos. Escojamos pues las alternativas”

Tres años después en La Habana, el 14 de diciembre Fidel Castro y Chávez firman el acuerdo para la aplicación de la ALBA, donde manifestaban su principio cardinal: la solidaridad, recordando a los mártires que construyeron una Patria Grande en la América Latina. Muchos países se fueron integrando al punto de intercambiar bienes y servicios para satisfacer las insuficiencias de los pueblos.

En el 2006 se incorpora la República Bolivariana de Bolivia con el presidente Evo Morales, quien propone la adhesión al ALBA del Tratado de Comercio de los Pueblos y surge un organismo internacional fortalecido: el ALBA-TCP.

Los primeros rayos del astro rey eliminarían las tinieblas desde el Río Bravo hasta la Patagonia, aún sin que algunos fuesen parte de la alianza más genuina entre nuestros países. Los principios de reciprocidad, transferencia tecnológica, aprovechamiento de las ventajas de cada nación, ahorros de recursos y convenios crediticios mostraron los proyectos de integración iniciales de los miembros del ALBA-TCP. Así apareció el Sucre como moneda, para liberarse del yugo del dólar. Se crea además una escuela (Escuela de Defensa y Soberanía del ALBA) para promover una doctrina de defensa latinoamericana acogiendo a militantes, indígenas, campesinos, empresarios y todos los interesados en proteger su Patria Grande.

Poco a poco la aurora despedía sueños inconclusos para hacer realidad las palabras del Apóstol José Martí cuando decía: “Sentina fuimos y crisol comenzamos a ser”.