¿Qué fuera de los humanos en un mundo sin derechos? ¿Por qué muchos abogan por la paz, la justicia y la libertad? ¿A qué nos someteríamos sin el respeto o la tolerancia? Creo que hoy 10 de diciembre es un buen día para responder estas y otras interrogantes.
Se cumplen setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH). Según la historia era un día muy parecido a este –puede que menos convulso, y en Paris los entonces 58 estados miembros de la Asamblea General de la ONU, aprobaban con sus votos un proyecto transformador.
La declaración, en segundos, se convirtió en el documento rector de los derechos de los seres humanos y las naciones. En él se estipulan 30 artículos que obligan a los estados firmantes a cumplirlos. En la actualidad se han ratificado al menos uno de los nueve tratados internacionales básicos, lo que demuestra una expresión concreta de la universalidad de la DUDH.
Examinar la situación del presente contexto mundial, no es solo cuestión de analistas. Podemos entender las maneras que utilizan algunos gobiernos con la intención de dominar a sus semejantes. La imposición de culturas, la toma de decisiones, la guerra, el engaño, o la poca solidaridad pudieran ser las más comunes, sin embargo, derechos tan imprescindibles como la educación, la salud y la seguridad social quedan en manos de decisores derechistas, nada comprometidos con su gente.
En Cuba, por ejemplo, sí podemos hablar de derechos humanos después del triunfo de la Revolución, en enero de 1959. Los antecedentes también existieron, uno de ellos La Historia me absolverá, alegato de autodefensa de Fidel Castro, en el cual se manifestaban los problemas del pueblo cubano y las alternativas para solucionarlos. Alcanzada la victoria, se promovieron disimiles vías para hacernos iguales al resto y las alianzas entre naciones fueron creciendo, en especial aquellas con países de la región.
La genialidad de líderes cubanos ha permitido, incluso, fomentar las normativas básicas en cientos de naciones a través de misiones médicas, educativas, culturales, intercambios científicos, movimientos juveniles y relaciones bilaterales. Personas de diversos puntos del orbe han recibido la influencia de la Mayor de las Antillas, que es ejemplo, ofreciéndoles oportunidades –imposibles de alcanzar en su propio hogar.
La humanidad necesita independencia, porque la muerte sigue golpeando a las familias, el hambre y el cansancio de la lucha armamentista no cesan; el poder se enriquece y la pobreza incrementa. Epidemias de dolor recorren las calles de los débiles, los colores dividen y las etnias también. La humanidad precisa recordar a grandes pensadores como Albert Einstein , Simone Weil, Nelson Mandela, Joseph E. Stiglitz, Martin Luther King. Cuando lo haga, al punto de concientizarse de la misma manera que ellos lo hicieron, sabremos de igualdad.
Si un día acabó el apartheid, cayeron muros que separaban; si entre rejas se construyó un nuevo continente; si subimos blancos y negros a un mismo autobús; si se predicó la paz… entonces estamos a tiempo de tener un sueño.
Escuche fragmento del discurso de Ernesto Che Guevara en la ONU el 11 de diciembre de 1964.