Manolito con sus alumnos.Si le digo Ángel Manuel Rodríguez seguramente no sabrá quién es, pero si me refiero a Manolito el profesor de pintura, le será familiar.
José de la Luz y Caballero dijo: “Instruir puede cualquiera, educar, solo quien sea un evangelio vivo”. Este maestro del Ariguanabo es fiel defensor de este precepto. Sus niños, como suele llamarlos, disfrutan de sus modales correctos. No solo se limita a impartir conocimientos, entre colores y forma, también los encamina por los hábitos de conductas correctos. Aporta a pesar de la edad el ABC de las artes.
Por donde pasa derrocha sus conocimientos. Si algún niño que con frecuencia acude a él para mejorar su dibujo no llega, acude a la familia, y en ocasiones, es participe brindando sus consejos certeros y oportunos.
La sonrisa es una de sus virtudes. Como todo buen artista siempre tiene volando su imaginación. En su aspecto sencillo y andariego aflora la capacidad de instruir y educar, esa que no todos llegan a impregnar en los discípulos.
Manolito el pintor siempre entabla una buena relación con los alumnos. Logra una transmisión de conocimientos efectiva y enseña no solo el arte, sino a cabalgar por los senderos de la vida.