Hoy le propongo narrarle la caída en combate del Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo Grajales. Una pérdida irreparable para las fuerzas mambisas durante el segundo año de la Guerra Necesaria iniciada por José Martí en 1895.
Según refiere Julián Vivanco en su libro Estampas antiguas de San Antonio de los Baños en la madrugada del lunes 7 de diciembre de 1896 Antonio Maceo se encontraba en la zona de Hoyo Colorao, actual municipio de Bauta, junto a varios soldados de su tropa. Antes del amanecer Maceo partió hacia San Pedro, lugar próximo a Punta Brava en La Habana.
Por el camino se percataron que las recientes lluvias habían hecho crecer el caudal de la Laguna La Pastora y a su vez hicieron prosperar los manantiales del río Ariguanabo. Esta situación le permitió recordar aquellos versos que dedicó al río el poeta español Nicolás Estévanez en 1874: También el Ariguanabo, bajo una ceiba se oculta, para no ver los horrores, que aniquilarán a Cuba: Desde la Loma del Gallo, desciende blanco de espuma, rebosando de alegría, de abundancia y de frescura.
¿Quién podía imaginar que el mismo día de su muerte Antonio Maceo iba a tener presente los versos que Estévanez dedicó al río Ariguanabo?
En el combate de San Pedro cayó herido Antonio Maceo, junto a él su fiel ayudante Francisco Gómez Toro, hijo del Generalísimo Máximo Gómez. El Coronel Juan Delgado logró rescatar los cadáveres y con extrema cautela los trasladó hacia la finca Lombillo. Máximo Zertucha, médico de cabecera de Maceo, realizó el reconocimiento de los cuerpos y la descripción de las heridas. De San Antonio se llevaron los vendajes y útiles médicos para atender a los heridos del combate de San Pedro. Allí se realizó la guardia de honor. Para evitar que los cadáveres cayeran en manos enemigas los jefes militares decidieron sepultarlos en el Cacahual donde hoy se levanta un monumento para rendirles homenaje.
La escritora cubana Excilia Saldaña dedicó estos versos al Titán de Bronce:
Dime, ¿quién hizo su traje? Coraje ¿Quién, su rostro de hermosura? Ternura.
¿Y el machete vengador? Honor. Para Cuba era su amor Y a ella, su Cuba sufrida, le ofrendó pasión y vida. Coraje, ternura, honor.
En enero del año 1896 Antonio Maceo junto a Máximo Gómez concluyeron con éxito la Invasión al Occidente del país con la misión de extender la guerra a toda Cuba. La Invasión fue una extraordinaria hazaña militar, en solo 90 días lograron el triunfo rotundo. Pero la guerra no había concluido.
Maceo continuó combatiendo en las zonas de Pinar del Río, La Habana y Matanzas. Esta estrategia militar se nombró Campaña de Occidente. Casi al terminar el año 1896 las fuerzas libertadoras pierden al primero de sus generales en el combate de San Pedro. Según refiere Julián Vivanco en su libro Estampas Antiguas de San Antonio de los Baños uno de los últimos ascensos firmados por Maceo fue para el ariguanabense Doctor Carlos Guás y Pagueras en el grado de General. Guás pertenecía a las fuerzas de Calixto García, quien también se encontraba el 7 de diciembre en el campo de San Pedro, justo en el momento de la muerte del Titán.
Con la muerte de Antonio Maceo, tal y como dijo Máximo Gómez, la patria perdía al más glorioso de sus hijos, y el Ejército, al primero de sus generales. Con toda razón el viejo mambí expresó: ¡Me he quedado solo!. En una carta a María Cabrales, viuda del General Antonio Maceo Gómez le decía: … Apenas si encuentro palabras con que expresar a Usted la amarga pena… El General Antonio ha muerto gloriosamente sobre los campos de batalla… Con la desaparición de ese hombre extraordinario… pierdo yo al más ilustre y al más bravo de mis amigos y pierde en fin el Ejército Libertador a la figura más excelsa de la Revolución…. A esta pena se me une, allá en el fondo del alma, la pena cruelísima también de mi Pancho, caído junto al cadáver del heroico guerrero y sepultado con él, en la misma fosa… La muerte del Titán de Bronce significó un duro golpe para la Revolución. Maceo fue un gran jefe militar y un extraordinario revolucionario, por su pensamiento y acción, digno ejemplo de valentía, decisión, coraje, justeza e intransigencia.
Fuentes: Historia Colonial Ariguanabense de José Rafael Lauzán
Estampas antiguas de S. A. Baños, de Julián Vivanco, tomo III.


