El 7 de diciembre de 1896 cayeron en combate el mayor general Antonio Maceo Grajales y su ayudante, el capitán Panchito Gómez Toro. Según el historiador güireño Francisco Pérez Guzmán, sobre lo sucedido aquella tarde en San Pedro, existen 45 versiones cubanas.
Algunos testimoniantes, como el médico Máximo Zertucha, han formulado seis; el jefe de la escolta, Juan Manuel Sánchez Amat, cuatro; y José Miró Argenter, su jefe de Estado Mayor, tres. Por la parte española se hallan las del comandante Francisco Cirujeda y la del soldado Victoriano Campos Fernández. La existencia de múltiples versiones del hecho ha posibilitado la reconstrucción del combate de San Pedro, pero también ha generado confusiones, dudas, deformaciones mal intencionadas y especulaciones de todo tipo.
La documentación disponible es suficiente para creer que el comandante español Francisco Cirujeda y sus superiores conocían de las intenciones del Lugarteniente General Antonio Maceo de cruzar la trocha de Mariel a Majana. En realidad las informaciones recibidas por los españoles en Bauta trazaron los planes operativos del Batallón de San Quintín Peninsular número siete, consistente en explorar el norte de la zona comprendida desde la trocha de Mariel hasta Punta Brava, aproximadamente. Entonces, ¿qué llevó a los españoles a emprender la marcha hasta San Pedro, ubicado al sur de la zona objeto de exploración?
Después de la entrevista sostenida con el teniente Romero, en el cuartel de la Guardia Rural de Hoyo Colorado, Cirujeda comentó a los prácticos Santana Torres y Melchor Ortega, que harían un recorrido por el callejón de San Pedro hasta Punta Brava. La hipótesis de que el jefe español recibió informaciones sobre la posible presencia mambisa en San Pedro, es sólida, pero no quiere decir que supiera de la presencia del Titán de Bronce en los alrededores. Un análisis pormenorizado de la forma en que se produjo la sorpresa muestra la deficiencia de la exploración insurrecta.
El servicio de exploración mambisa no cumplió con lo establecido y regresó al campamento de San Pedro sin dejar avanzadas que rastrearan los pasos de los españoles por Bauta y Punta Brava. Alrededor de las once y treinta de la mañana del 7 de diciembre de 1896 informó que una columna enemiga avanzaba hacia el norte con rumbo a Cangrejeras. En realidad, la columna española almorzaba en Bauta. En esas condiciones el contingente guerrillero de Peral avanzó sin dificultades por el rastro de Antonio Maceo y los sesenta jinetes que lo acompañaban. Una huella que los condujo al campamento de San Pedro.
Muchos se preguntan ¿por qué Antonio Maceo aceptó el combate de San Pedro, una vez rechazada la carga al machete por la guerrilla de Peral? La respuesta está en la sicología del héroe de Baraguá. La cólera se impuso y optó por combatir, como lo había hecho en situaciones similares. Solo que esta vez el desenlace sería fatal. Maceo dispuso envolver a la infantería española, parapetada detrás de la cerca de piedra del camino que conduce al Guatao, por el flanco izquierdo. Su proximidad a las fuerzas españolas y la inmovilidad sobre el caballo, en espera de que el comandante Juan Manuel Sánchez Amat, cortara la cerca de alambre, lo convirtió en blanco perfecto de las huestes enemigas. Fue el primero en caer y murió instantáneamente. Una bala le penetró por el maxilar inferior derecho, seccionándole la carótida junto a la barbilla.
El cuerpo sin vida del Titán de Bronce quedó abandonado. Un reducido grupo de sus acompañantes, encabezado por Sánchez Amat, resistió al enemigo y se esforzó inútilmente para sacarlo del lugar. Francisco Gómez Toro acudió, desde la retaguardia, al sitio donde se hallaba su jefe pero recibió heridas mortales. Para no caer prisionero Panchito trató de suicidarse. Quedó con vida y el guerrillero Santana le dio muerte con un machetazo. La confusión y la desmoralización se propagaron entre las fuerzas mambisas concentradas en San Pedro. Cerraba así una gloriosa página de nuestra historia.


