Silvio del Ariguanabo

Silvio Rodríguez Domínguez nació el 29 de noviembre de 1946, en el barrio ariguanabense de La Loma. En el seno de una “familia con aroma a tierra, tabaco y frío” forma su gusto musical.

Desde los dos años de edad canta para los amigos de su padre y participa en el concurso musical Buscando una estrella, de la emisora CMQ. Pasados unos días es invitado a otro concurso infantil, dirigido por el reconocido locutor Germán Pinelli. Esta vez gana el primer lugar con el bolero Viajera. Al cumplir cinco años, se traslada con su familia para La Habana. Su tío Ricardo le obsequia una tumbadora, que sería su primer instrumento musical, a través del cual imitaría los ritmos de Benny Moré y la Orquesta Aragón. Sería este el comienzo de la carrera musical de nuestro Silvio Rodríguez.

En 1953 Silvio inicia sus estudios musicales en el Conservatorio de Vals y cursa, en sólo seis meses, el primer curso de piano. Sin embargo, pese al entusiasmo de su profesora, pierde el interés y deja las clases. Dos años después y motivado por su padre, se interesa por la literatura. Rubén Darío, el género de ciencia ficción y la obra El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, serían sus preferidos. Con diez años de edad regresa a San Antonio de los Baños después de la separación de sus padres. Reflejo de esa época son sus canciones El Papalote y Me veo claramente. Sin embargo, en 1958 sus padres se reconcilian y deciden regresar a la capital. El triunfo revolucionario de enero de 1959 se corresponde con su paso de la infancia a la juventud. Aunque vivía en La Habana, viajaba regularmente a su pueblo natal. Se incorpora a las Juventudes Socialistas y a la Asociación de Jóvenes Rebeldes, al tiempo que comienza los estudios de bachillerato.

El 15 de abril de 1961, fuerzas mercenarias bombardean el aeropuerto de San Antonio de los Baños. Para entonces la familia de Silvio Rodríguez había regresado a la Villa del Humor y este retorno lo lleva a nuevas tareas y responsabilidades. Consciente de la necesidad de alfabetizar al país, siendo aún adolescente, se incorpora a las brigadas Conrado Benítez para repartir el pan de la enseñanza en las montañas del Escambray. Para conocer más sobre este hijo del Ariguanabo, sintonícenos mañana.

Silvio Rodríguez es, sin lugar a dudas, uno de los artistas cubanos más reconocidos. Natural de la Villa del Ariguanabo, en su juventud se desempeña como dibujante, escritor de poemas y cantautor musical. Junto a Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú funda el Movimiento de la Nueva Trova. Con más de veinte álbumes, su obra trasciende en el mundo de habla hispana.

De regreso a La Habana, Silvio Rodríguez empieza a colaborar como dibujante en la revista Mella. Conoce los primeros acordes de la guitarra, inicia estudios de pintura en   San Alejandro y retoma las clases de piano. Es en el Servicio Militar donde compone sus primeras canciones. En 1967, gana la primera mención del concurso literario de la FAR con su poemario Horadado Cuaderno número uno. Se presenta en el programa de televisión Música y Estrellas y comienza a dar sus primeros recitales con temas de César Portillo de la Luz. Posteriormente entra en la Casa de las Américas, dirigida por Haydee Santamaría, y coincide con Pablo Milanés y Noel Nicola. Junto a ellos forma parte del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y participa en la creación de la música para varios largometrajes cubanos. En septiembre de 1969, se enrola en el barco pesquero Playa Girón y navega durante cuatro meses y dos días por el océano Atlántico y las costas africanas. De ese periplo surgieron sesenta y dos canciones, entre las que destacan Cuando digo futuro y Ojalá.

A principio de los años setenta Silvio Rodríguez completa su educación musical de la mano del maestro Leo Brouwer. Viaja por Alemania y Chile, participa en el Encuentro de Música Latinoamericana y se dedica a buscar nuevos trovadores por toda la Isla. Se presenta por vez primera en República Dominicana ante un público multitudinario, y graba con sus propios arreglos el álbum Días y flores, con el acompañamiento de la orquesta de la EGREM. Ese virtuoso hijo del Ariguanabo y cronista de la Revolución Cubana ha hecho realidad, con sus canciones, la máxima martiana de que “Solo el amor, convierte en milagro el barro”. En su cumpleaños setenta y dos, reciba Silvio Rodríguez las felicitaciones de los ariguanabenses.