Nicolás Estévanez fue un militar, político federalista, ideólogo y traductor español. Ingresó en 1852 en la Academia de Infantería de Toledo, España. Cumplió misiones en África, Puerto Rico, Santo Domingo y finalmente Cuba. Como parte de su carrera literaria colaboró con diferentes publicaciones españolas, entre ellas El Combate, El Rayo y La Ilustración Republicana Federal.
En esta última publicó varios trabajos en la sección ¡Glorias Cubanas! En estas que hacía referencia a los poetas Juan Clemente Zenea, Plácido y José María Heredia. Era un hecho que Nicolás simpatizaba con la Patria de los cubanos. Pero un suceso de notable relevancia provocó que Estévanez solicitara la licencia absoluta del Ejército Español.
El fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina ocurrió el 27 de noviembre de 1871. Este hecho fue un escarmiento ejemplar que quiso dar España ante el desarrollo insurreccional iniciado en Oriente. De esta manera pretendían desatar el terror y demostrar así la medida de los extremos a que podía llegar un sistema agonizante. Fueron condenados a muerte 8 jóvenes inocentes bajo acusaciones insignificantes.
Durante aquellos años Nicolás Estévanez era Capitán del Ejército Español y con motivo del horrendo crimen, en la puerta del café El Louvre, rompió su espada, renunció a su carrera y tuvo que abandonar la Isla de inmediato. Los cubanos hicieron colocar en este lugar que ocupó el café una tarja de bronce que rememora este hecho y en la que se reproducen sus palabras: Antes que la patria, están la dignidad y la justicia. Nicolás Estévanez compuso una poesía muy famosa sobre el río Ariguanabo.
De regreso a España ocupó diversas responsabilidades en el Partido Republicano Federal, fue Gobernador de Madrid y también Ministro de Guerra. Regresó a Cuba en el año 1873. Es precisamente durante esta segunda estancia de Estévanez en Cuba que surge la vinculación de este poeta con el Ariguanabo. La historia ariguanabense guarda una poesía muy famosa escrita por él en 1874 que dice así:
También el Ariguanabo
Bajo una ceiba se oculta
Para no ver los horrores
Que aniquilarán a Cuba.
Desde la Loma del Gallo
Desciende, blanco de espuma,
Rebosando de alegría,
De abundancia y de frescura.
Y al contarle sus afluentes,
Los que la patria fecundan,
Que vienen ensangrentados
Por la más infausta lucha.
Que hay privilegios de raza,
Que a los débiles se insulta,
Que es ley el asesinato,
Que es el derecho una burla,
Se esconde bajo una ceiba,
Bajo una ceiba copuda.
Cuba podrá ser esclava:
¡El Ariguanabo, nunca!
Nicolás Estévanez confundió el nacimiento del río Ariguanabo, en la Loma del Gallo, con el del Almendares, que es que nace en dicha loma, en Tapaste; siendo sus afluentes las Lagunas de Sabanilla, en Cuatro Caminos. El Ariguanabo desciende desde la zona donde existió la Laguna de igual nombre hacia el pueblo de San Antonio de los Baños para ocultarse bajo la Cueva del Sumidero, que posee sobre ella una majestuosa ceiba. No obstante, la poesía resume exactamente la situación que vivían los cubanos bajo el colonialismo español.
Fuente: Estampas antiguas de San Antonio de los Baños, Julián Vivanco, Tomo III