Pedro y Manuel

Manuel Ascunce Domenech y Pedro LantiguaManuel Ascunce Domenech y Pedro Lantigua

Pedro y Manuel. Son nombres tan comunes que se escuchan en cualquier lugar. Existen muchos, pero cuando se dice Pedro Lantigua y Manuel Ascunce Domenech, entonces nos viene a la memoria: uno campesino y humilde comenzaba aprender a leer y escribir, el otro, apenas un niño con deseos de enseñar.

El imperio, amigo y cómplice de las bandas contrarrevolucionarias, puso su mano para el asesinato de personas inocentes, como el alfabetizador Manuel Ascunce Domenech y del campesino Pedro Lantigua, el 26 de noviembre de 1961.

Un cuadro tan horrendo no podrá borrarse jamás de la historia de Cuba. Ni los recuerdos de aquel muchachito serio y responsable, que enseñaba las letras del alfabeto, compartía las labores del campo o encargaba a sus padres un cake especial traído desde la Habana para los quince de su primera alumna.

Manuel Ascunce y Pedro Lantigua pasaron a integrar la dolorosa cifra del terrorismo impuesto en el campo cubano. Detener la Revolución y el proceso transformador que la misma desarrollaba en el campo fue misión asignada por la garra de la Agencia Central de Inteligencia CIA y el gobierno norteamericano a los alzados agrupados en bandas armadas.

Los maestros que siguieron sus pasos, las campañas del continente que aún hoy enseñan a tantos analfabetos, constituyen sin dudas, la mejor ofrenda al maestro. El joven maestro se multiplicó por miles, entre letras, números y nombres.