Adnara Barrera Burrover. Foto: Carlos Enrique Rodríguez
La misión de Adnara Barrera Burrover está cumplida. Ella lo sabe y vive orgullosa. Otra vez el barrio la recibe como hija de la patria agradecida. Ya lo dijo el maestro José Martí: “La mejor medicina no es la cura, sino la que precave”.
Adnara regresa a la patria luego de una nefasta decisión del presidente electo de Brasil Jair Bolsonaro. Ese lacayo del imperio pisoteó la humildad y solidaridad de los médicos cubanos. Despreció la mano amiga de Cuba y dejó sin atención médica a miles de brasileños pobres.
Duele, de veras que duele. Lo dice Adnara, quien por espacio de dos años, estuvo en el gigante suramericano brindando su ayuda desinteresada, altruista, humana. La joven ariguanabense de treinta años, supo de la pobreza en los más recónditos espacios de Brasil. Supo de partos, fiebres, quemaduras y epidemias. También puso su alma de médico al servicio de un país hermano.
Niños, ancianos, mujeres pobres y favelas enteras, le vieron caminar sin descanso en busca de la mejor medicina, del fármaco perfecto, del dolor que encontró alivio en sus prodigiosas manos. Adnara es ahora una mujer más segura de sí misma. Llena de orgullo, exhibe en sus manos las banderas de Cuba y Brasil. En ella vive el alma generosa de una mujer que siente lástima por los que dejó atrás. Seres humanos que no conocían un médico hasta su llegada. Hoy siente nostalgia por los ratos vividos junto a esos brasileños pobres. Los que agradecieron y lloraron su partida.
Hoy está feliz porque llega al barrio. Triste porque en su alma de médico carga la angustia de sus pacientes en el hermano país de Dilma y Lula. Llegó al barrio que la vio formarse como galeno. Allí estaban todos. Vecinos, federadas, combatientes, cederistas, compañeros de labor en el Policlínico número dos, de San Antonio de los Baños. Encontraron en ella una sonrisa de honor por el deber cumplido con la patria, con la gente de Brasil, que necesitó de ella y conoció su altruismo.
La misión de Adnara es ahora con su pueblo. Ahora regresa al consultorio, al recorrido por las calles y avenidas del Ariguanabo para el pesquisaje médico con las embarazadas, los adultos mayores o los portadores de enfermedades trasmisibles por el mosquito Aedes Aegypti. ¡Gracias, Adnara! Su sonrisa reconforta y anima. Otras tierras del mundo, reclamarán el concurso de sus modestos esfuerzos. Estoy seguro de que si llegara un nuevo llamado, para asistir a los pobres del mundo, usted dirá presente. ¡Gracias por esta vez! Ya está en casa y con la misión cumplida. ¡Felicidades!
Nuestra colega Carmen Lieng Mena conversó con Adnara. Estas son sus palabras.