Félix Varela se revela auténtico con una peculiar visión de lo cubano que superó lo criollo y que nos acerca por fin a lo que conoceremos como Patria. Fue un sacerdote, maestro, escritor, filósofo y político; fue el primero que teorizó entre nosotros acerca del patriotismo. Estudió filosofía y teología en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, que en su momento estuvo considerado entre los más prestigiosos de su época.
Preceptor de Latinidad en el Seminario y con posterioridad, maestro de Filosofía, nombrado por el Obispo Espada, organizó tertulias literarias en las que compartió con sus alumnos los temas de cultura, filosofía, ciencia y patria; sin dudas, sus materias preferidas. En 1804 se inscribe en la Universidad de La Habana, simultaneando sus estudios en el Seminario. Recibe el título de Bachiller en Filosofía y Artes; y de Bachiller en Teología, con posterioridad el de Licenciado en Filosofía desarrolló la carrera eclesiástica con resultados notables.
En 1811, ocupó la cátedra de Filosofía del Seminario y nuevamente con dispensa de edad canónica, ese mismo año es ordenado presbítero. A los 24 años de edad el obispo Espada lo hace profesor de Filosofía, Física y Ética en el Seminario. Allí prepara el primer laboratorio de Física y Química de Cuba con cajas galvánicas, tubos de ensayo, máquinas neumáticas, sistema planetario móvil y otros instrumentos para la enseñanza de esas ciencias mediante la observación y experimentación. Fue iniciador de la enseñanza de la Física y se le reconoce como el primer autor de un libro de esa disciplina en nuestro país.
Varela enseñaba con los métodos pedagógicos más adelantados. Renovó la enseñanza de la época utilizando el español en sus clases y en sus textos, en los que abandonó el escolasticismo filosófico por la visión electiva del conocimiento y como se dijo introdujo la experimentación en el estudio de las ciencias. Varela ayudó a formar en el Seminario San Carlos a los más ilustres hombres de su época, entre los que se destacan: José Antonio Saco, Domingo del Monte y José de la Luz y Caballero.
El padre Varela también trabajó por el desarrollo de la cultura cubana y fundó la primera Sociedad Filarmónica de La Habana, colaboró con la Sociedad Económica de Amigos del País. En 1817 es admitido como socio de número en la Real Sociedad Económica, que más tarde le confirió el título de Socio de Mérito. Publicó en varios periódicos habaneros de la época como El observador habanero y El papel periódico de La Habana, entre otros. En 1820, enseña por primera vez en América hispana Derecho, y se dice que los jóvenes habaneros se paraban en las puertas y ventanas del lugar donde Varela impartía sus clases. Allí predica sobre la legalidad, la responsabilidad civil y el freno del poder absoluto. Llamaba a estas clases “la Cátedra de la Libertad y de los Derechos Humanos, la fuente de las Virtudes Cívicas y la base del gran edificio de nuestra felicidad”.
En sus conferencias proclamó por primera vez en Cuba el carácter inalienable y sagrado de los derechos humanos, defendió con claridad y valentía el derecho de los pueblos y sembró las ideas políticas que más tarde habrían de conducir inevitablemente a la lucha por la independencia de Cuba. Varela era partidario de que el aprendizaje siguiera un camino deductivo, para ir poco a poco a la inducción, o sea de lo general a lo particular.
En diciembre de 1823, en Nueva York, publicó el diario El Habanero, que llegaba a Cuba a escondidas y junto a José Antonio Saco El mensajero semanal, además colaboró con las revistas Bimestre cubana y Recreo semanal del bello sexo. En 1837 fue nombrado vicario general de Nueva York y en 1841 el Seminario de Santa María de Baltimore le confirió el grado de Doctor de la Facultad.
Varela fue el primero que enseñó a los cubanos a alejarse de los moldes estereotipados y de experiencias ajenas a la hora de acercarse al estudio de una situación factual, buscando el ordenamiento, el análisis y la síntesis de la realidad.
En 1846, enfermo, se va a La Florida donde muere el 25 de febrero de 1853. Sus restos mortales descansan en la Universidad de La Habana. Entre sus textos más destacados se encuentran: Instituciones de Filosofía Ecléctica para el uso de la Juventud Estudiosa (1813); Lecciones de
Filosofía (1818); Miscelánea Filosófica (1819) y Cartas a Elpidio (1835). Perdura Varela, no solo por haber iniciado el camino que condujo a la independencia ideológica y política, sino también el haber dado una solida base ética al pueblo cubano, y el dejar claras por otra parte, las dos corrientes antagónicas del siglo XIX cubano; que se trasladarán hasta el XX; la primera esencialmente emancipadora, nacida del seno de la cultura, que porta en si el espíritu popular, patriótico e integrador de la independencia, la otra su contraria.
La patria a nadie debe, todos sus hijos la deben sus servicios. Así se pronunció el distinguido filósofo y pedagogo. Fue un hombre de fe, empeñado con las causas de los que no contaban entonces nada en la vida social, fiel al hombre, a Cristo, a su Iglesia, a los pobres y hacia todos sus parroquianos.
Abundaban también referencias a su espíritu de paz y de conciliación en una sociedad ultrajada por las discriminaciones raciales, sociales y religiosas. Perdura porque nos guía al sembrar valores y reconocer que sin ellos volveríamos a la barbarie.


