Una mujer de leyenda

Rosa María Magdalena de la Merced Martínez Iradi.Rosa María Magdalena de la Merced Martínez Iradi.Titánica debió ser la vida de nuestros patriotas en las difíciles condiciones de la guerra libertaria a las puertas de La Habana y del poder colonial en la isla. Vidas que rayan en el mito.

Entre las más sorprendentes está, sin dudas, la de Rosa Robés, leyenda ella misma, comparable con Emilia de Córdova, Evangelina Cossío o tantas mujeres que se exponían a la muerte día tras día por la independencia de Cuba.  

Aquella muchacha de apenas 16 años, bautizada con el nombre de Rosa María Magdalena de la Merced Martínez Iradi, nacida en San Antonio de los Baños el 22 de julio de 1876 e hija de un comerciante asturiano, parecería no ser Rosa Robés, la que llevaba mensajes escritos escondidos en su cabellera, la que sustraía telas en la tienda del padre para confeccionar uniformes para los mambises y que cosió la bandera que acompañó a las tropas insurrectas en su campaña por LaHabana.

Se cuenta que, al estallar la guerra en 1895, Rosa obtenía información de los propios soldados españoles que debían hospedarse en las casas de comerciantes como su padre o en el Cuartel del Aclimatamiento (ubicado en la actual calle 70).
Obligados a una guerra que no sentían suya e imantados por la hermosura y la gracia de una joven criolla, oficiales y soldados españoles no reparaban en darle cuenta del armamento, las fuerzas y los planes que tenían.  Rosa aprovecha la información, registraba los documentos y sustraía balas que enviaba a los mambises.

Desde muy temprano participó en el grupo conspirativo del Ariguanabo. Luego se integró al Partido Revolucionario Cubano, fundado por Martí en 1892, como delegada del Club Revolucionario Ignacio Agramonte, junto a los patriotas Jesús Planas, Francisco Porto y José Zubizarreta.

Aún después de la guerra, en plena República, su leyenda no se eclipsaría: Rosa Robés no buscó reconocimiento ni mérito alguno. El Ayuntamiento ariguanabense señaló la calle 64 con su nombre; pero Rosa vivió modesta y humildemente, solidaria y amorosa con todos, ayudando a quienes la necesitaban, hasta su muerte, el 10 de enero de 1937, con 60 años de edad.


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