Lonja del Comercio. San Cristóbal de La Habana. Fotos: Alejandro Lóriga Santos
Mi Habana, la de todos los cubanos despierta. Un nuevo día supone recibir con el más fuerte de los abrazos a su gente y a los que no son suyos. Su magia acaba repartiéndose entre las sábanas blancas colgadas de los balcones, las viejas calles, el colorido, el golpe de azules aguas y el reencuentro del que muchos sabemos contar para bien. Y parece ser un sueño: lloramos de emoción porque La Habana, la capital de Cuba, está cumpliendo 499 años de fundación, a solo uno de los 500.
Pero, ¿qué significa sobrevivir a casi medio siglo? En eso está su historia que nació cerca de las frías aguas del río Casiguaguas, hoy río Almendares. Anécdotas resguardadas por una ceiba a la que muchos adoran, mientras dan la vuelta cada 16 de noviembre para recibir bonanzas espirituales y crear a partir de la tradición, un mañana mejor.
Se suman aquellos relatos de corsarios, piratas, reyes y duques, que conformaron sus inicios en medio de las turbulentas conquistas lideradas por hombres del otro mundo. Estuvo el silencio y la oscuridad, únicos elementos destinados a adornar sus noches, mientras pocos dormían. Esa fue la niña a la que siempre llamaremos Ciudad Maravilla, Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias Occidentales, o la eterna Villa de San Cristóbal de La Habana.
Bahía de La Habana, una atracción para el visitante.
A la casa de los cubanos quiero dedicar palabras, nada comparadas con la grandeza de su vida, con todas y cada una de sus leyendas, con el resplandor de su pueblo, con el sentido propio que la hace única entre tantas. No puede ser un día de silencios, porque ella entiende de sonrisas. Amanece y sale dispuesta a enfrentar las realidades, incluso, se pierde en los asombros o descontentos que deciden rodearla, a pesar de los corazones vigilantes que le acompañan.
Plaza de San Francisco de Asís
Quiero 500 más. Quiero una vida llena de placeres sin peligros. Ese lugar en el que nos conocimos, donde apretamos juntos nuestras manos y decidimos emprender un difícil viaje, es el que está cumpliendo casi medio siglo, involucrándonos sin siquiera preguntarnos. Nuestra Habana contempla, se enfurece y atrapa. Añorada y a veces personificada, cuestiona a quienes descansan en su belleza; acoge a los oprimidos, une almas perdidas, y cubre de esperanzas los estragos de los corazones.
Entonces, tómala de tu mano, no la sueltes, porque un día apostaste por ella. En ti confía. Mi Habana, identidad del criollismo, hija de la cultura y sitio de amoríos, está de fiesta. La novia vestida de negro y blanco, de pregoneros anunciando cómo se rejuvenece, de tradiciones… se convierte en paloma, se acerca a la luz de un faro y proclama desde una vieja ciudad su encanto. Los caminantes se detienen, la prudencia hace honor y el orgullo desborda ese gen habanero dividido entre millones de cubanos.
Al principal centro de la vida política, económica y cultural de la nación mi cariño, porque ya somos parte de los 500 que -en solo un año- se verán en su gente, mientras la luz traspase los vitrales más legítimos y sorprendentes de la ciudad.
Los Pasacalles de La Habana vieja convidan a la diversión.