En los comienzos del siglo XIX en Cuba la Sociedad Económica de Amigos del país de La Habana publicó un informe en el que se recomendaba al Gobierno de la Isla, la construcción de caminos de hierro.
Por tal motivo la Real Junta de Fomento le solicitó al rey de España en 1833 la autorización para obtener de Londres un préstamo con el objetivo de construir el ferrocarril en el país.
El 12 de octubre de 1834 el rey de España, Fernando VII, autorizó a la Junta de Fomento en Cuba, presidida por Claudio Martínez de Pinillo, Conde de Villanueva, contratar en Inglaterra un préstamo de 2 millones de pesos, con destino a la construcción del ferrocarril. Según refiere Julián Vivanco en su libro Estampas Antiguas de San Antonio de los Baños, la obra comenzó el 9 de diciembre de 1835. La mayor parte de los obreros eran canarios y algunos irlandeses. El 19 de noviembre de 1837, día del santo de Isabel II, se inauguró el tramo de La Habana hasta Bejucal con 23,3 kilómetros de longitud. Un dato curioso es que Cuba tuvo ferrocarril 11 años antes de que España tuviera el suyo.
El primer tren que se deslizó por las paralelas de hierro salió del Taller de Ciénaga, sede del ferrocarril colonial de Cuba, en un viaje de prueba, el 13 de noviembre de 1837. En el primer aniversario de la inauguración del tramo ferroviario de La Habana a Bejucal, el 19 de noviembre de 1838, comenzó a funcionar el segundo tramo o ramal de Bejucal a Güines. El 1942 la Compañía Caminos de Hierro de La Habana se adjudicó la primera línea Habana-Güines. Esto posibilitó que se construyeran nuevos ramales de Rincón a San Antonio de los Baños, de San Felipe a Batabanó y de Güines a Unión. El 8 de diciembre de 1844 entró en San Antonio de los Baños el primer tren. Posteriormente se prolongaron las vías hasta Guanajay pasando por Ceiba del Agua.
Fuente: Estampas antiguas de San Antonio de los Baños, tomo VI de Julián Vivanco


