Tres grandes pasiones

Evangelina González Castañeda. Foto: Ana Luisa MansoEvangelina González Castañeda. Foto: Ana Luisa Manso

Cubana auténtica, fue una niña vivaz, una joven que amó el campo y una adulta que irradia arte con sus manos. Es ejemplo genuino de lo que puede lograrse con dedicación, empeño, y una dosis de creatividad.

Entusiasmo y destreza caracterizan a la protagonista de esta crónica que reconvierte piezas antañas en nuevas, da moldes a los retazos textiles y obtiene maravillosas prendas de vestir y objetos de tela. Envuelve todo su universo en un ambiente de colores, donde solo existe la inspiración y el ensueño no tiene límites.

Disfruta coser, seleccionar tejidos, mezclar formas, imaginar y plasmar  bocetos en la tela; luego  termina  la pieza, y se enamora del próximo diseño.

Entre confecciones textiles y el cuidado de las plantas, se resume el quehacer de esta ariguanabense que posee, al mismo tiempo, talento para el tejido a crochet.

Su gran sensibilidad al profesar amor por las flores y preferencia por las rosas, aconseja sembrarlas en espacios donde  contrasten los colores de los pétalos con el verde de la naturaleza.

El amor por las artes manuales y el medio ambiente, atrae siempre a la vecina de San Antonio de los Baños, a quien le resulta difícil elegir entre la costura, el tejido y las plantas.

Cuando no está entre sus pasiones, dedica el tiempo a instruirse en la Cátedra del Adulto Mayor y en el Club de los 120 años. Sus ojos azules develan el rostro agradecido y orgulloso de una anciana integrada a la sociedad.

Desafía el decursar del tiempo, marca el paso y con andar pausado entrega lo mejor de sí. Manos diestras, rostro afable, alegre y campechana, embriaga a quien le rodea y comparte con ella.

De baja estatura física, le adorna una alta dosis de modestia. Cuando camina por las calles del Ariguanabo, saluda a conocidos, sonríe y sigue entre realidades y anhelos. Evangelina González Castañeda, sencillamente Eva, despierta  admiración, respeto, y una proverbial manera de amar la vida a los 84 años. Aún le resta el sueño de enseñar a las nuevas generaciones a coser, tejer y cuidar las plantas.


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