Maivy con su bebé en brazos. Foto: Cortesía de la autora
Ha pasado mucho tiempo. El 2017 marcó una etapa diferente y quizás, la más importante de toda mi vida. Ya soy madre, y como tal, vivo el Periodismo de una manera distinta.
La inspiración llegó, una vez más. Me sorprendió en un espacio diferente, en circunstancias distintas, de una manera especial. Fue mientras una plancha acurrucaba esa pequeña camisita a cuadros, admirando una pirámide de pañales blancos por guardar, mientras calentaba esos tejidos que más tarde arroparían a un bebé dormido.
Entonces pensé en el Periodismo. Era el Día de la Prensa Cubana, un 14 de marzo que hace un par de años me hubiera sorprendido entre colegas en algún confín destinado a la celebración, o ante un micrófono, de seguro, frente a una cuartilla.
Pero no fue igual este 14 de marzo, ya no será igual tampoco en lo adelante. Un niño lo sabrá algún día. Entenderá sin dudas el desvelo de su mami ante la búsqueda de un nuevo tema para interpretar, conocerá que el Periodismo y la maternidad tienen mucho en común, pues ambos nacen desde el amor, crecen con paciencia y dedicación, ambos son testigos silenciosos de largas noches y amaneceres a contrarreloj… ambos se alimentan de la consagración.
Ahora sé que un bebé sí puede cambiar la vida, para bien, como alguna vez lo hizo la prensa en mí, y al cabo de ocho años ejerciéndola, no se diluye ese impulso por escribir algo, lo que sea, cuando sea y como sea.
Como mi hijo, también estuve en pañales y di mis primeros pasos en la profesión. Siempre tuve a mi lado quien me sostuviera para no caer, de la misma forma en que hemos estado todos para ayudarle si perdía el equilibrio.También probé diferentes géneros y sentí preferencia por algunos, tal como él percibe nuevas texturas y sabores.
Ahora sé que su respiración está unida a la mía, que sus palabras, gestos, sonidos son el presente de esas oraciones que construiremos juntos mañana.
Junto a él, descubro el mundo cada día. Me conmueve vivir cada día. Me hace querer ser mejor persona, mejor madre, mejor profesional.
Aquí queda escrita una ínfima parte de lo que podría dedicarle en palabras. Me observa ahora mismo, con ojitos curiosos, y quizás se pregunte que tanto teclea su mami en ese tablero blanco. Dicen que seguramente será periodista, por aquello de que “hijo de gato, caza ratón”…no lo sé, nadie lo sabe.
El tiempo dirá si esos ojos pícaros que todo lo investigan, leerán este texto algún día desde una cabina, un estudio o una redacción.

