Imagen: Luis Alberto DH
Ayer le comentaba acerca de una vieja leyenda sobre un niño salvaje que habitó los bosques del Ariguanabo. Cierto o no, porque así son las leyendas, hoy conocerá el resto de la historia.
Luego de que los padres del niño salvaje del bosque se trasladaran hacia otros parajes dejaron la dirección donde iban a mudarse en caso de que su hijo apareciera. Cuando el joven fue atrapado tenía las uñas y el pelo muy largos. Antes de partir. En espera de la llegada de la familia lo amarraron para que no escapara. La leyenda cuenta que le dieron un plato con comida y lo botó, lo pusieron en un cuarto con cama pero durmió toda la noche en el suelo. Chillaba a cada rato. No estaba acostumbrado a esa vida. Cuando le preguntaban: ´´Ven acá, ¿qué cosa tú comías en el monte?´´, el muchacho salvaje, que apenas sabía hablar, decía: ´´Jubo muerto, jubo muerto´´. Estaba enfermo. Sus padres tenían que amarrarlo para poder atenderlo, hasta que finalmente murió. Su corta vida la pasó desandando los montes de San Antonio de los Baños.
Esta leyenda del niño salvaje no se recoge en la tradición oral del pueblo ariguanabense. Según refieren los autores del libro ´´Leyendas del Ariguanabo´´ las personas más longevas de la ciudad NO la recuerdan. Incluso personalidades de la cultura como el pintor Rubén Suárez Quidiello, Miguel Miqueli, Homero Perdomo, otros que integraban la Comisión Municipal de Historia e incluso nuestro primer historiador José Rafael Lauzán afirmaron no conocerla. Las leyendas son así, son el relato de esos sucesos que aunque pueden tener un origen real, el paso del tiempo y la imaginación popular las transforma en historias maravillosas o ficticias. Realmente no sabemos si en el Ariguanabo existió un niño salvaje en el bosque, pero lo que sí puedo asegurarles es que resulta una historia interesante.
Fuente: Libro Leyendas del Ariguanabo, de Carlos E. Hdez y María A. Padrón, p. 92.

