Maidel Rodríguez junto a Norma Porras. Foto: cortesía de la autora
La historia me conmovió desde que vi el filme “Clandestinos”. Ya conocía los hechos, por los estudios de historia y porque Rogito, fue de esos hombres que se hacen refrencia en voces de muchos, entre ellos, las de mi esposo, natural de Melena del Sur. Allí nació Rogelio Perea Suárez (Rogito), un combatiente excepcional, considerado el más capaz en la entonces Habana campo.
Las actuaciones de Isabel Santos y Luis Alberto García son insuperables, conmueven y se quedan imperecederas en la memoria. Desde entonces, tuve el sueño de llevar esta historia a la radio y de conocer a esa mujer, única sobreviviente de los hechos ocurridos, el 8 de noviembre de 1958.
Lo primero fue ir al lugar. Llegamos mi esposo y yo a las calles de Goicuría y O’Farrill, en la capitalina barriada de la Víbora. Pregunté si quedaba algún sobreviviente de aquellos hechos y la respuesta fue negativa. No podía creerlo. -¿Nos vamos?- preguntó mi esposo.
-No, yo no vine aquí en vano. Tiene que haber alguien.
Y lo hubo, Silvia Catalina González Noroña y Mercedes Moro, jamás han podido olvidar aquellos sucesos. Tampoco Norma Porras. Me recibió en su casa y hablamos de todo, de su vida, de Machaco, de Goicuría.
Cuatro jóvenes: Pedro Gutiérrez (Pedrito), Rogelio Perea (Rogito), Norma Porras (Gina) y Ángel Ameijeiras (Machaco), este último, Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en la capital, protagonizaron el que está considerado el combate más largo de la lucha clandestina cubana. Disparos, explosivos de bombas y granadas, más de 400 policías y miembros del Servicio de Inteligencia Militar, desplazados con ametralladoras calibre 30 en azoteas y terrazas aledañas, arremetían hacia un apartamento del edificio de Goicuría 523.
El filme “Clandestinos” es un homenaje a los tantos hombres y mujeres que dieron su vida por la causa revolucionaria en la clandestinidad. Pero la historia contada tiene –como es lógico- parte de ficción. El programa “Goicuría 523” es fiel a una realidad que debe ser conocida.
El 5 de noviembre de 1958, Rogito llega a una casa en San Francisco de Paula, donde estaban refugiados Machaco, Norma y Pedrito. Como los vecinos lo vieron llegar herido, los cuatro decidieron por unanimidad trasladarse al apartamento de Goicuría 523. Natural de Bauta, Pedro Gutiérrez estuvo vinculado a los asaltos a Columbia y al Palacio Presidencial. Por su accionar dentro del movimiento 26 de julio tuvo que pasar a la clandestinidad.
Ángel Amejeiras fue un revolucionario indoblegable. Su hermano Efigenio lo recuerda como “un torbellino de heroísmo ante cualquier injusticia”.
Natural de Guanabacoa, Norma Porras Reyes era miembro del Movimiento 26 de julio y del Frente Cívico de Mujeres Martianas. Una misión del movimiento la llevó a la cárcel y tener contacto con Machaco, allí nació un amor que solo la muerte pudo separar. Una delación propició la cacería, y hasta el edificio de Goicuría 523, bajo el mando del sanguinario Esteban Ventura, llegaron los criminales.
Se produce una desigual y cruel batalla, caracterizada por la vileza y la cobardía de los asaltantes y el heroísmo insuperable de quienes los enfrentaron hasta el final. En medio de la balacera, Machaco decide saltar con Norma al techo de la casa vecina para tratar de buscar alguna posibilidad de escape. Ella Recibió dos balazos en ambas caderas que rozaron muy cerca de los riñones, otro en el pecho y uno sedal en el hombro. Queda inmóvil y le pide a Machaco que se vaya.
El combate se prolonga por más de cuatro horas. Los jóvenes revolucionarios resistieron hasta que se les agotó el parque. Entonces, cuando ya nadie respondía desde el apartamento al fuego enemigo, sólo entonces, los asesinos se atrevieron a avanzar. Todo un despliegue bélico dirigido contra tres hombres y una mujer. Al amanecer, la balacera cesó. Los vecinos pudieron ver desde sus persianas entreabiertas que los muchachos estaban vivos cuando se los llevaron. Luego aparecerían en la Casa de Socorros de la calle Corrales, baleados, como si hubieran muerto en el enfrentamiento. En Goicuría 523 se romperían los planes, también los sueños de Norma y Machaco.
Norma fue cargada por un soldado y llevada al Hospital Militar, indefensa. Allí la inscribieron como Norma Borrás y solicitaron su certificado de defunción. Tenía 19 años y un mes y medio de embarazo; en su menudo cuerpo de apenas unas setenta y tantas libras, cargaba la valentía y el coraje que nadie pudo destruir. La cárcel la tuvo de huésped y conoció de su valor y resistencia. Con los esparadrapos quitados de las vendas, ponía carteles de “Viva Fidel”, “Viva la Revolución”. También supo de la muerte de sus compañeros, de Machaco.

