Gracias, Violeta

Violeta ParraVioleta Parra

No exageran quienes te nombran y recuerdan como violeta de pueblo. Tu voz multiplica el canto de muchos, la guitarra acompaña tus interpretaciones y como un todo revelan ternura, sensibilidad y sobretodo un profundo humanismo. Violeta Parra nació el 4 de octubre de 1917, en San Carlos, Chile, en el seno de una familia campesina. Artista multifacética por sus inclinaciones artísticas, constituye además una de las más altas exponentes de la cultura y la música popular chilena para el mundo.

Fue artista de radio, compositora y recopiladora folklórica, artista plástica, poeta. La primera de sus vocaciones fue el canto. A los nueve años aprendió de manera autodidacta la guitarra y a los doce empezó a componer sus primeras canciones.

“Gracias a la vida”, es quizás la más cantada, devenida un manifiesto existencial que repasa lo que a Violeta Parra, la artista, le resulta más entrañable —el amor, la naturaleza, la creación, el viaje— son temas recurrentes en el canto en comunión con el de su pueblo. En las últimas estrofas, canta: “Gracias a la vida que me ha dado tanto. / Me ha dado la risa y me ha dado el llanto, / así yo distingo dicha de quebranto, / los dos materiales que forman mi canto / y el canto de ustedes que es el mismo canto, / y el canto de todos que es mi propio canto”.

Por solo citar el poema Gracias a la vida, Violeta Parra estremece en cada melodía. Este poema adquirió en el tiempo la cualidad de una obra clásica, cantada por muchos, sentida por millones en la intimidad de la memoria. Lo escribió en 1965 y con ella abrió un año después el disco de larga duración.

Esta chilena universal grabó sus primeros longplays con cantos folclóricos y originales. Cantantes extranjeros de diversos géneros como Mercedes Sosa, Franco Simona y Plácido Domingo y en Cuba las de Omara Portuondo, Amaury Pérez y Frank Fernández a voz y piano. Libros, películas y exposiciones mantienen vivo el legado de una mujer que fuera tradicional y pionera al mismo tiempo, y tan vanguardista como popular. Quizás el mayor mérito fue tener vocación por dar a conocer la voz de los más desfavorecidos. La  inequívoca crítica social, presente en una gran parte de sus composiciones, hace que se le considere como la iniciadora de lo que se considera la Nueva Canción chilena.
 
Con insatisfacciones y no pocos golpes de la vida no obstante, agradeció el acto de vivir en toda su complejidad y hermosura. Su existencia estuvo marcada por los constantes viajes, tanto dentro del país como hacia el extranjero. Todas las experiencias obtenidas de este constante ir y venir, le otorgaron un notable bagaje cultural y el conocimiento tanto de la realidad chilena, como del acontecer universal, constituyéndose en una especie de testimonio de identidad desde Chile hacia el mundo.
 
Pero toda esa sensibilidad que plasmó en su obra, tuvo un triste desenlace en su vida. Su intensidad hasta en las cosas más sencillas, sus fracasos amorosos y sus dificultades económicas, generaron en ella una gran depresión que la condujo al suicidio el día 5 de febrero de 1967.
 
Su prematura desaparición, sin embargo, dio vida a una figura mítica, cuyas composiciones continúan siendo recreadas tanto por músicos populares como doctos e inspirando las creaciones de nuevas generaciones de artistas. La apasionada defensa de los derechos de los sectores más postergados la convierten en un referente para diversos movimientos sociales y su vida ha inspirado varios libros biográficos e, incluso, películas. Ante tanta entrega con humildad digo: Gracias Violeta, por tu lucidez en el tratamiento de los temas y por alzar la voz con firmeza y valentía.


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