Ruinas del antiguo cafetal Angerona.
En el kilómetro cinco y medio de la carretera a Cayajabos, en el municipio de Artemisa, en la provincia de igual nombre, se yerguen las ruinas de una antigua hacienda que fuera símbolo del esplendor de los cafetales del occidente cubano en la época colonial, llamada Angerona, diosa romana del silencio y la fertilidad de los campos, cuya estatua a tamaño natural tallada en blanco mármol de Carrara, se encontraba reproducida en la entrada del lugar.
La otrora hacienda, desafía más de dos centurias de historia, es patrimonio agroindustrial del siglo XIX, y testigo excepcional de su arquitectura y tradiciones. Las reliquias, además de constituir un Monumento Nacional, es símbolo del territorio artemiseño.
El Cafetal comenzó a funcionar poco después del 12 de agosto de 1813, fecha en que el emigrante alemán Cornelio Souchay compró los terrenos donde se asienta. El lugar, sedistinguía por las excelentes plantaciones de café y el buen trato de su amo hacia los esclavos que laboraban a su servicio.
Angerona tiene el atractivo adicional de ser un espacio idóneo para hurgar en los vínculos entre amos y esclavos, formas de vida, ritos religiosos, costumbres funerarias y otros aspectos que permiten reconstruir la cotidianidad de una etapa de la Cuba colonial.
Debe su fama a la prosperidad, la belleza, y al sistema de organización laboral y social que imperaba en el lugar, muy diferente al del resto de las colonias del territorio donde la mano de obra eran los esclavos.
La finca Angerona, carecía de barracones, los esclavos vivían en un caserío de modestas chozas, circundado con callejones interiores y rodeados de muros de piedra con una sola puerta de hierro.
En el cafetal, llegaron a existir más de 450 esclavos que no trabajaban de noche; y en el verano, recibían tres horas de descanso diurno y en invierno hora y media; además cuando llovía podían guarecerse en los cobertizos que estaban dispersos por la finca.
Sobre el hacendado de Angerona, existe la leyenda referida a la presunta relación de amor con Úrsula Lambert, una bella mujer negra quien trabajó en el cafetal compartiendo intereses económicos, financieros y organizativos del mismo; y que a pesar de los prejuicios sociales y raciales de la época, vivieron una intensa pasión.
Prestigiosas personalidades de la literatura y la vida política del país en el siglo XIX, como Cirilo Villaverde, Alejo Carpentier, José de la Luz y Caballero, Ramón Zambrana y su esposa Luisa Pérez de Zambrana, el reverendo norteamericano Abiel Abbot, Wetherman y la Condesa de Merlín entre otros; reflejaron en apuntes la majestuosidad arquitectónica, histórica y ambiental del segundo cafetal más importante de la época.
Ya solo quedan a la vista sus ruinas, que actualmente son escenario de la segunda expedición científica de estudios arqueológicos, encaminada a desentrañar muchas de las incógnitas en torno al devenir del emblemático sitio.
A cargo del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana, la campaña forma parte de un proyecto de investigación conjunta entre esa dependencia y la Universidad de Saint Mary, en Halifax, Canadá, previsto hasta el 2021.
El emblemático sitio de Angerona lo ameniza la acústica eólica de las palmas. Salvar sus tesoros patrimoniales bien lo amerita, por ser símbolo del esplendor de los cafetales del occidente cubano en la época colonial, y constituir un valioso testimonio de nuestra historia.

