Aquel 5 de septiembre…

La guerra revolucionaria estuvo marcada por hechos que demostraron el desarrollo de la insurrección popular y el apoyo al proceso independentista. Uno de ellos ocurrió el 5 de septiembre de 1957 que como resultado conmocionó a la opinión pública nacional y sacudió al régimen tiránico al lesionar su pilar principal –las fuerzas armadas; este suceso se conoce en la historia como el Alzamiento en Cienfuegos.

Tales hechos en el centro del país derivaron en procesos conspirativos que desde antes tenían lugar. En ellos estaban implicados un grupo de jóvenes oficiales de la marina que en junio habían llegado a  establecer contacto con Frank País en Santiago de Cuba, otros oficiales de la Fuerza Aérea y el Ejército Libertador que estaban también en comunicación con grupos del Movimiento en La Habana, y un tercer núcleo de clases y alistados de la base naval de Cayo Loco, en Cienfuegos, quienes en coordinación con la Dirección Provincial del MR-26-7 preparaban un plan de alzamiento que pretendía capturar las instalaciones militares y de la ciudad y la eventual apertura de un frente guerrillero en el Escambray.

En la noche del 5 de septiembre las acciones en La Habana se limitaron a algunos tiroteos debido a la llegada tardía de oficiales de la marina y la ausencia de aviso de la posición. Mientras en Cienfuegos, durante todo el día, los complotados comenzaron a combatir en distintos puntos de la ciudad y dominaron la base naval.

Se rindió la Estación de Policía y ocuparon el edificio San Lorenzo, entre otras acciones. La ciudad pasaba a manos de sublevados, pero el resto de la República permanecía en calma. Solo comandos del M-26-7 en Santa Clara y La Habana se lanzaban a las calles. Había fallado el resto del país porque en la Marina de Guerra habanera, sin consulta previa pospusieron las acciones. Y entraron a la Perla del Sur las fuerzas enviadas por el tirano. Un incesante fuego se concentró sobre las posiciones rebeldes por tierra y aire; los bombardeos provocaron muertos. La dictadura multiplicó sus fuerzas y se dispuso al ataque final hasta que la ciudad amaneció el día 6 de nuevo en manos del enemigo.

Allí, un caimitense Alejandro González Brito participó en el levantamiento por ocupar una importante responsabilidad militar en el Distrito Naval cienfueguero. A él también se le rinde homenaje porque fue parte de una gesta que forjó el camino del triunfo revolucionario el 1 de enero de 1959 y demostró una vez más que “hay sangre de Artemisa brillando en la bandera”.


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