Recuerdos de mi escuela

Los pioneros y los maestros en su primer día de clases. Fotos: Adian AcevedoLos pioneros y los maestros en su primer día de clases. Fotos: Adian Acevedo

Llega septiembre y los preparativos para el inicio del curso escolar inundan cada centro educativo del país. Recuerdo con agrado esos momentos de mi infancia que aún mantengo frescos en la memoria, cuando, junto a mi mamá, llegaba bien temprano a la escuela ese primer día. ¡Cómo olvidar el uniforme y la emoción de usarlo nuevamente en septiembre! ¡Qué alegría la de volver, ver a mis maestros, mis compañeros, retomar el ritmo de levantarse temprano, las clases, las libretas, los libros de texto, las bromas del receso, las sorpresas de la auxiliar pedagógica y el profesor de Educación Física que nos liberaba del aula!

De mi escuela primaria guardo gratos recuerdos. Mis maestras: Ana la que me enseñó a leer y escribir y que supo encender esa luz que me guió años después a seguir por su mismo sendero; Olga Caridad y Odalis que me posibilitaron explorar un poco más de este mundo. Ellas no fueron las únicas. Creo entonces que quizás esos fueron los primeros pasos que me hicieron volver años más tarde a mi escuela pero en calidad de maestro. Ya con una responsabilidad. Así la conocí mejor, la quise más, siempre la consideré mía.

Escuela primaria Domingo LenceEscuela primaria Domingo Lence

Fue en la primaria que lleva por nombre Domingo Lence Novo donde comenzó mi vínculo con la educación que, al parecer, es indisoluble. Esta es tu escuela, aseguró alguien muy querida que me conoce y no se equivocó. Aquellos maestros que antes me enseñaron se convirtieron en mis compañeros de trabajo, mis amigos, mis guías en el importante arte de enseñar, que puedo asegurar surgió allí, entre las paredes de mi escuela primaria.

Con añoranza siento que pertenezco todavía a este colectivo. Extraño la última semana de agosto cuando nos movilizábamos para iniciar el curso con el aula pintada, limpia, las clases y los medios de enseñanza listos. Fueron tantos años, años buenos, donde pude desarrollar mi vocación, educar a niños de varias generaciones y disfrutar plenamente de todo cuanto se hace en materia de ser maestro. Considero que lo aproveché al máximo.  

Hoy regreso nuevamente a disfrutar de ese primer día del que por años fui partícipe como pionero y como maestro. Una mezcla de alegría, nostalgia e incluso de nervios invade mi persona. No obstante estoy tranquilo porque mi escuela se mantiene tal y como la dejé aunque más linda, con más ánimo, con un personal dispuesto a seguir con esta obra educacional. Regreso junto a mi hermano que también disfruta de ella. Son otros tiempos, pero igual en Domingo Lence las nuevas generaciones de pioneros, padres y maestros, más que una escuela encontrarán un hogar. Me atrevo entonces a asegurar que siempre encontraré un motivo para volver.