Nombrar a Carilda Oliver Labra es reconocer a una maestra en el diálogo con la pasión, el buen tono y la fina ironía que revelan sus versos. Dueña de la palabra, hacedora de imágenes impregnadas de una elegancia singular, ella es autenticidad, amor al suelo patrio. Vivió intensamente y fue premiada con largos años; nos dejó la dimensión de una cubana que rompió esquemas y llegó a nuestros días como una de las más genuinas voces de la nación.
Reveladora de una exquisita sensibilidad y espíritu que marcó pauta. Tuvo preferencia por los manuscritos, quizás porque para ella el acto de la creación es expresión de ese sentimiento tan propio de mujer que se siente madre al escribir, porque da vida. La defino como una mujer valiente, de probada educación, gentil, de hablar pausado como para acariciar y porque no, enamorar y provocar al esgrimir la poesía. Y así lo expresa: Yo podría decir que estoy de primavera/bajo un aire oloroso a luz definitiva... /y ser de flor, de lluvia, de mariposa buena, /semejante a este cielo cuidado por la brisa...
Poseedora de galardones y reconocimientos en Hispanoamérica, y en Cuba, los cubanos sentimos profundo respeto por su obra y esa extensa vida consagrada por entero a la poesía. No sorprende, el Premio Excelencias por su extraordinaria obra poética, pues revela el compromiso de la autora en defensa de la mujer a través de las letras. En la temprana juventud se decidió por el dibujo, la pintura, el derecho y la literatura, universos humanistas en los que el hombre marcaba la pauta y ella se impuso. Escritora y poetiza, su fructífera obra es un referente de lucha por los derechos de la mujer, y la sitúan a la vanguardia, adelantada a su época y precursora dentro de la literatura universal.
Expresión de cubanía, con gran perspicacia y simbolismo dijo: "Ninguna palma se puede ir de Cuba". Y así Carilda se aferró a Tirry 81, que inmortalizado en uno de sus poemarios, junto al olor a salitre de la ciudad, las aguas azules de su bahía y la cotidianidad de una vida citadina. Reflejó la belleza en sus poemas: Bendigo aquí/tus malecones mojados,/los árboles desterrados/del Paseo de Martí/los ecos del Yumurí/Y van mis lágrimas van/como perlas con imán/o como espejos cobardes/a vaciar todas las tardes/sus aguas en el San Juan.
Este 29 de agosto dejó de existir. La vida forjó en ella la vocación por las letras, el humanismo y una posición raigal que definió los destinos de su existencia en Cuba.
Con gran honor es conocida como “la novia de Matanzas”. Extensa es su producción, el segundo de sus más de 40 poemarios, «Al sur de mi garganta» (1949) la situó definitivamente en el mapa literario cubano e internacional y le valió el Premio Nacional de Poesía. Sus poemas están incluidos en las antologías ‘’Cincuenta años de poesía cubana’’ y en Las mejores poesías de amor cubanas, compiladas por Cintio Vitier y por Editorial Laurel, respectivamente. Entre decenas de reconocimientos, en 1987 recibió la Distinción por la Cultura Nacional y en 1997 el Premio Nacional de Literatura.
Inmortalizada entre tantos versos. Es obligado el referente que se repite de memoria por multitudes (Me desordeno, amor, me desordeno/cuando voy en tu boca demorada...). Y es que la relectura de su obra nos obliga a pensar que en ella el amor no podía ser aprisa, tenía que ser únicamente de veraz por siempre, prolongado, eterno. Carilda se desnuda a través de su obra poética «su poesía es profunda como el metal». Para esta y las futuras generaciones, el reencuentro con su producción literaria será un punto de partida para fortalecer el espíritu y revivir cada expresión. Como un regalo a nuestras vidas te sentimos y por ello la gratitud eterna, amantísima cubana, junto a ti revivimos tu Patria que amaste y te ama.