En agosto de 1879, estalló en Oriente la llamada Guerra Chiquita. José Maceo y Guillermo Moncada llevaron a cabo el levantamiento armado en dicha región. Este movimiento revolucionario estaba orientado por el General Calixto García desde el extranjero, quien consideraba que era necesario la sublevación de las provincias occidentales para obtener éxito. Para ello se organizó una vasta conspiración en Vuelta Abajo, Pinar del Río y La Habana, encabezada por José Martí. Muchos ariguanabenses se vincularon a esta conspiración.
De acuerdo a las orientaciones para organizar la conspiración de la Guerra Chiquita, en el Occidente se determinó comenzar el proceso de reclutamiento. Sixto Rodríguez, un vecino de la zona de Pijirigua, lugar entre Artemisa y Guanajay, era el encargado de movilizar a los interesados. Comenzó su tarea haciendo firmar en varias hojas de papel a cada individuo que simpatizaba con el movimiento libertador. En San Antonio de los Baños se alistaron muchísimas personas. Por ferrocarril se trajeron las armas, en varias cajas, hasta la estación de Seborucal. El guarda almacén de ella estaba de acuerdo con los patriotas cubanos. El revolucionario Tití Morales fue el encargado de transportar las armas en su carreta a media noche. De aquí fueron llevadas al lugar de residencia de Sixto Álvarez y allí fueron enterradas. En San Antonio de los Baños se había constituido, el 19 de septiembre de 1879, el Club Revolucionario Cubano, con el propósito de allegar recursos para iniciar el alzamiento en occidente.
El movimiento conspirativo organizado en la zona occidental para apoyar la Guerra Chiquita iniciada en Oriente fracasó. Un perro descubrió en la finca de Pijirigua el lugar donde se habían enterrado las armas. Sixto tuvo que huir de inmediato. La lista de todos los comprometidos la habían guardado en un tubo, la cual pudo ser rescatada por uno de los patriotas, que al pasar por el río de Capellanías, lo arrojó al fondo de la corriente. De esta manera lograron salvarse todos los implicados. Por otra parte, según plantea Carlos Márquez Sterling en su libro ´´Martí, maestro y apóstol´´, José Martí se hacía sospechoso por esos tiempos y sus visitas a San Antonio y a Artemisa eran seguidas por las autoridades. Así falló este movimiento, que hubiera hecho cambiar los acontecimientos, si no llega a frustrarse.
Fuente: Estampas Antiguas de SAB, Tomo 7, de Julián Vivanco.
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