Elisa Franchi Alfaro -a la izquierda- junto a Mery Delgado y Freddy Díaz en la inauguración del estudio de Radio Ariguanabo en Güira de Melena. Foto: Archivo de Radio Ariguanabo
La Radio Cubana cumple hoy su aniversario 96 y desde la visión de este cronista, las palabras tienen la misión de adornar con estilo propio, la crónica que rinde tributo y loas para los inmortales de la radio, en ''La voz de donde hay un río''.
Carmelo de Armas
Transitan las musas en el tiempo y roban a la memoria la sabiduría de los pioneros del medio periodístico. Rigoberto Blanco, Domingo García y Carmelo de Armas, no cejaron en el empeño de ver salir al aire a nuestra querida emisora. Cuando se hable de periodismo radial en esta estación, que desde el 8 de octubre de 1971 acompaña al pueblo, necesariamente hay que mencionar nombre imprescindibles.
Destreza, habilidad, visión certera para buscar la información y poesía eterna en cada palabra dicha o escrita, acompañaron la labor periodística de dos colegas. Ellos, comprometidos con la causa de la Revolución y la imperecedera misión de hacer periodismo, desde una cabina de radio, dejaron su impronta. Sin recursos, pero con el amor a cuentas y la agenda de notas llena de sueños, sus nombres quedan para siempre. Dos ideales, dos maestros, dos libros abiertos para las nuevas generaciones. En San Antonio de los Baños, Freddy Díaz y Elisa Franchi Alfaro, merecen la reverencia y el respeto.
La certera dirección de Enrique Valiente, la agradable voz de María del Rosario León, la perseverancia de Israel Bencosme Aguilar o la sabiduría de Norma Vega, no escapan a este homenaje. Hoy en el aniversario 96 de la Radio Cubana, se les tiene presente.
Loas para los inmortales. Los que nunca descansan y sonríen orgullosos desde el cielo. Hablo del periodismo deportivo y se incorporan a estas cuartillas los comentarios y narraciones de Carlos Fuentes Alemán, Martín Vicente Socarrás y Ramón Benito Pérez, ellos fueron precursores del periodismo que adorna la acción muscular y trascienden para bien de nuestra labor en la redacción deportiva.
¡Gracias por existir, caballeros de la palabra. En su legado crece el accionar de los nuevos. Gracias también por permitirme el privilegio de aprender juntos los secretos de la bella profesión. El micrófono, la máquina de escribir, la vieja consola o la grabadora para un acto público, fueron las mejores armas para decir la verdad con orgullo e hidalguía.