Cuba está inmersa en un exhaustivo proceso de consulta popular del proyecto de Constitución de la República. Desde el 13 de agosto se inició esta etapa, póstuma a los dos días de debate parlamentario, presididos por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
Hasta el 15 de noviembre, los ciudadanos cubanos tendrán la oportunidad de expresar sus opiniones y sugerir cambios para el documento, “un paso genuinamente democrático, y poco común en la arena internacional, donde solo se le presenta al pueblo la Constitución para dar el Sí o No en un referendo, sin la oportunidad de participar activamente en la constitución del texto”, según Cubahora, primera revista digital del país.
La etapa de consulta será un paso definitorio para el referendo final. Durante estos meses deberán ser protagonistas la diversidad de criterios y las expectativas de una nación más inclusiva.
En todas las comunidades y centros estudiantiles y laborales la población dispone de un favorable espacio para el debate, donde tiene la responsabilidad de perfeccionar con sus criterios la Carta Magna y ejercer así su derecho participativo.
Es importante tener en cuenta que “la Constitución es una norma que establece principios y valores esenciales y mínimos, lo que implica no abarcar y expresar en detalle todos los ámbitos de la vida política, económica y social”, como se detalla en la Introducción al análisis del proyecto de Constitución de la República durante la consulta popular.
Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) aseguró que en este reto, el punto de partida deberá ser la construcción de consenso, que nace de aceptar la opinión de los demás en pos del bien común.
La constitución de 1976 no queda atrás completamente, el carácter irrevocable de nuestro sistema socialista se mantiene como en aquel inicio de la Revolución. Aunque existen varias modificaciones para estar a fin con los nuevos tiempos.
Por ejemplo, una de las fortalezas del proyecto es que, no solo incluye la libertad de prensa como parte de los derechos individuales de los cubanos, sino obliga a toda autoridad y organismos del Estado a hacer pública la información que poseen.
Por otra parte, uno de los artículos más polémicos y debatidos entre la población es el número 68. Este apartado reconoce al matrimonio como “la unión voluntaria consensuada entre dos personas con aptitud legal para ello”.
Muchos ciudadanos no están de acuerdo, pues consideran esta como una decisión aberrada, sin pensar que significa inclusión social e igualdad de derechos, y eso es precisamente por lo que aboga la nueva constitución.
Meditemos en lo más beneficioso para la sociedad en general. Seamos más inclusivos, más tolerantes y menos individualistas. Se trata, no solo modificar la Constitución de un país, sino de modificar el pensamiento y las acciones de todo un pueblo.
Coincido con la colega Alejandra García Elizalde, en su comentario publicado en el periódico Granma el 16 de agosto, cuando expresa que la consulta del pueblo sobre el Proyecto de Constitución es la más determinante prueba cívica de los últimos años.
Según el documento “Los cubanos debemos estar conscientes del compromiso que implica para las generaciones presentes y futuras la nueva Constitución de la República, forjada por el pueblo para dar continuidad a la Revolución y al socialismo”.

