Poco después del levantamiento armado del 10 de octubre de 1868, los grupos conspirativos comenzaron a organizarse en la zona occidental de Cuba.
El 17 de octubre de 1868, el Teniente Gobernador de San Antonio de los Baños, informó a sus superiores sobre la labor subversiva de un grupo de conspiradores. Integrados por elementos separatistas procedentes de Güira de Melena, Bejucal, La Salud, La Habana y San Antonio de los Baños. En el año del ciento cincuenta aniversario del Grito de Yara, vamos tras las huellas de esta historia.
El 15 de noviembre de 1868 el Teniente Gobernador de San Antonio de los Baños informó sobre una reunión de elementos conspirativos en el cafetal La Paloma. El proyecto de sublevación fracasó debido a la presunta delación de Antonio Fernández Bramosis. Este personaje era el representante de la Junta de La Habana, integrada por elementos contrarios a la independencia de Cuba. El oficial venezolano José María Aurrecoechea junto al coronel Mariano Loño y a Carlos García como práctico, salió desde La Habana. El 3 de febrero de 1869 pusieron rumbo a La Salud y desde allí, con doce hombres, marcharon hacia las lomas de Soroa con el fin de protagonizar un levantamiento armado.
El intento emancipatorio de febrero de 1869 fracasó debido al apresamiento de Carlos Baliño y del resto de los principales líderes del movimiento. A causa de la acción antipatriótica de la Junta de La Habana, el grupo guerrillero logró regresar a San Antonio de los Baños. Después de nuevos reclutamientos realizaron, en la zona de Alquízar, la proclamación del grito de independencia, el primero de mayo de 1869. Desde el potrero La Paz, en Guanímar, los independentistas de la región salieron nuevamente a la conquista de la libertad.

