El béisbol comenzó a jugarse en Cuba a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La primera ciudad donde se practicó fue en La Habana, precedida por Matanzas y seguida por San Antonio de los Baños. Hoy le propongo conocer sobre la actividad deportiva desplegada en el Ariguanabo.
Los inicios del deporte en la región del Ariguanabo tienen su origen por el año 1881, según refiere Julián Vivanco en el tomo siete de su obra Estampas Antiguas de San Antonio de los Baños. Fue el joven ariguanabense Eduardo Hernández Morales, estudiante de medicina, quien formó en San Antonio el primer club de pelota, el cual puso el nombre de Esperanza. Integraron este club José Carlos Díaz en la primera base, Fernando Sánchez de Fuentes, uno de los files; Eduardo Hernández era el catcher; además de Carvajal, Alderete, Cubero, Juan Manuel Navarrete, Chichí Vivanco, Joaquín María Hernández Morales y otros, que en esa época eran estudiantes. Por otro lado, el señor Aurelio Sánchez Almeida creó el equipo contrario, denominándolo Lealtad. El secretario de este Club era Ángel Negueruela. Los primeros juegos tuvieron lugar en el placer o terreno, situado detrás del Cuartel de la localidad llamado San Francisco. Más tarde este cambió su nombre por Cuba y posteriormente Ariguanabo Park.
Después de celebrados los primeros juegos de béisbol en el Ariguanabo, allá por los años 1880 a 1898, surgieron otros clubes. El que cobró mayor fama fue el primer Unión. Este club celebraba encuentros muy reñidos con otras novenas de pueblos vecinos. Con el primer Unión también jugaba el primer Ariguanabo. Esto sucedía mucho antes de la Guerra de Independencia. Al terminar la contienda libertadora se formó en San Antonio otro club al cual se le puso el mismo nombre que el anterior, el segundo Unión, que desarrollaba juegos muy interesantes con otro club local formado por los Robeses, el Yara. El presidente del segundo Unión era un tabaquero llamado Pedro López y la presidenta Matilde Suárez. Interesante el desarrollo del béisbol en San Antonio de los Baños. Continuará...
Fuente: Estampas Antiguas de San Antonio de los Baños, de Julián Vivanco, tomo VII
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