En sesión celebrada por la Junta Superior de Propios el 29 de marzo de 1847 se aprobó la asignación de un encargado del cuidado y la vigilancia del alumbrado público de la Villa. La persona nombrada como celador del alumbrado fue Bernabé Herrera.
El encargado de limpiar los faroles y encenderlos cada noche era Tránsito Delgado Vélez. El 4 de agosto de 1847, la Junta Superior aprobó un ayudante para el encendedor. Para ello se designó a José González, quien se desempeñó como tal hasta 1852. En diciembre del 1852, en la sesión del Cabildo se estableció una cuota mensual de 4 reales a cada casa o establecimiento público y un real a las casas particulares para sostener el alumbrado público en la Villa. Esta normativa quedó en vigor el 3 de agosto del año siguiente. En 1858 el sostenimiento del alumbrado público estaba comprendido dentro del presupuesto municipal.
El 12 de agosto de 1859 el Doctor José María Camilleri, presentó al Ayuntamiento una solicitud en la que proponía dotar a la Villa del alumbrado de gas hidrógeno, que se utilizaba en La Habana por aquellos tiempos. Se nombró una comisión para iniciar el Expediente y estudiar a fondo el proyecto. El día 26 de agosto de 1859 fue aceptada la proposición. Más tarde, en 1894, el Cabildo del Ariguanabo representado por Don Rudescindo Carranza y Llaguno como Alcalde y Don José María Pérez Capote como Caballero Síndico Procurados General se aprobó la instalación del alumbrado eléctrico. Este fue inaugurado ese mismo año. La proposición de este adelanto fue hecha por el Señor José Medina. El desarrollo del alumbrado continuó en avance hasta llegar al que tenemos hoy.

