En la primera mitad del siglo XX en la Villa de San Antonio Abad o de los Baños se alumbraban con pequeños faroles mal acondicionados que verdaderamente no resolvían el problema. Sobre cómo era el alumbrado público en el Ariguanabo durante la colonia y la evolución del mismo conocerá hoy.
El alumbrado público se estableció en La Villa el 3 de junio de 1829. Este alumbrado era análogo al que se usaba antes en La Habana, o sea, faroles de reverbero y bombas de cristal. Se sostenía con donativos del vecindario y con el producto de las multas. Pero, ¿Por qué motivo las autoridades decidieron establecer el alumbrado en las calles ariguanabenses? Según cuenta Julián Vivanco en el cuarto tomo de sus Estampas Antiguas de San Antonio de los Baños, allá por los años 1827 o 1828 se cometió en el Puente Real el horrible asesinato de un hombre conocido como el Licenciado. Este suceso provocó el pánico de los pobladores que limitaron su salidas a las calles después de la medianoche, producto a la oscuridad que reinaba en el pueblo.
Las calles eran alumbradas por pequeños faroles o luces que colocaban los señores, de manera voluntaria, frente a sus hogares. Esto sucedía en las primeras horas de la noche, pero luego de las diez o las once, volvía de nuevo la oscuridad general. Esta situación provocó que el Ayuntamiento presentara ante el Gobierno Superior la necesidad de establecer el alumbrado en San Antonio, el cual entró en funcionamiento en 1829. En sesión celebrada por la Junta Superior de Propios el 29 de marzo de 1847, se aprobó la asignación de 8 pesos mensuales al encargado del cuidado y la vigilancia del alumbrado público de la Villa. La persona nombrada como celador del alumbrado fue Bernabé Herrera. El encargado de limpiar los faroles y encenderlos cada noche era Tránsito Delgado Vélez. De esta manera se daban los primeros pasos en la iluminación de las calleas ariguanabenses. Continuará…
Fuente: Estampas Antiguas de SAB, de Julián Vivanco, tomo V.
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