La reforma de nuestra Constitución, mediante un proceso inclusivo y de reflexión popular, es momento trascendente que define el porvenir de la sociedad y la vida de cada ciudadano. Aportar con nuestras ideas, participación y voto en favor de todos, está en la estirpe del cubano.
Desde que en Guáimaro (1869) se reunieron los patriotas que iniciaron la Revolución en Oriente, Centro y Occidente, los principios de unidad, libertad e igualdad como bien común guiaban la vida de los cubanos. De esas aspiraciones se construye la historia de nuestras constituciones.
En Guáimaro se proclamó la libertad de todos los hombres, abolir la esclavitud, y la lucha como único camino para lograr la independencia. Baraguá (1878), solo de cinco artículos, frente a la angustia de ver frustrados diez años de guerra, levantó el ansia de continuar la lucha hasta la libertad definitiva de la patria.
Al iniciarse la gesta de 1895, en Jimaguayú, se redacta otra nueva Carta Magna, donde se superan las contradicciones entre el mando civil y militar, el regionalismo y la administración en las zonas de Cuba libre. Dos años después (1897), en los potreros de La Yaya, se aprobó otra nueva constitución fijando los requisitos para ser considerado ciudadano cubano y estableciendo el servicio militar obligatorio, así como la libertad religiosa, de enseñanza, derecho de petición, sufragio universal, libertad de opinión y derecho de reunión y de asociación, entre otras normas.
La Constitución de 1901 nació encadenada por la ocupación norteamericana y la Enmienda Platt. Cuba quedaba lista para intervenir cuando peligraran los intereses del nuevo amo.
Una nueva ola revolucionaria, impulsada por el partido comunista y otros sectores progresistas, dieron a luz, en1940, la más avanzada de las constituciones de América entonces. Por su espíritu, no podía firmarse en ningún otro lugar que en Guáimaro, el 10 de octubre de 1940. En ella se estableció el derecho inalienable al trabajo, se proscribió la discriminación de sexo y color de la piel, ponderó la protección a la familia, a la igualdad de la mujer, a la educación general y gratuita y a la salud pública para todos.
Luego del triunfo de la Revolución (1959), una nueva Constitución firmada por más de 6 millones de cubanos en 1976, fortalecía la institucionalidad en el país, ampliaba los derechos del pueblo y consolidaba las conquistas históricas de la Nación. Posteriores reformas a nuestra Ley de Leyes se encaminaron a perfeccionar el proceso cubano y consignar el carácter irrevocable del socialismo y su sistema político y social. Bajo ninguna amenaza externa, agresión o coerción económica, diplomática o política de otro Estado podrá ser negociada la Patria ni su libertad.
Precisamente, independencia y dignidad son los conceptos más reiterados en la historia constitucional cubana. Hoy, el concepto de Revolución que legara Fidel nos orienta permanentemente a la construcción de nuestro modelo de sociedad socialista, soberana, independiente, democrática, próspera y sostenible, y a modernizar los valores humanistas defendidos por la Revolución y refrendados históricamente por los cubanos.
Síntesis de las luchas del pueblo y el pensamiento creador de sus mujeres y hombres, esta nueva Constitución pulsa el compromiso y la fibra rebelde y mambí de todos.


