Nacido en Manzanillo el 24 de Julio en 1908, desde el mandato de Gerardo Machado salió a las calles a protestar y luego forjarse como guía imprescindible de los comunistas en la Mayor de las Antillas.
Defendió siempre al pueblo desde las altas instancias de la política, primero como representante de la Cámara, antes de 1959, y luego desde la Asamblea Nacional del Poder Popular, la cual presidió a partir de la primera legislatura en 1976 hasta 1981.
A lo largo de su fructífera vida fue un luchador inclaudicable por la independencia nacional, la soberanía del país y la causa del socialismo. Hombre excepcional, de singulares virtudes y extraordinario talento dedicó por entero su vida a la causa de los humildes, maestro y conductor de comunista por más de medio siglo, combatiente indoblegable que durante casi tres décadas dirigió el primer Partido Marxista-Leninista Cubano.
Se ganó la admiración del pueblo. Era sereno y apacible, pero firme y sin tolerancias. De palabra lenta, con ese cantar de los manzanilleros iba desgranando los argumentos con un don espontáneo para el silogismo, una claridad pedagógica y una sencillez que no le hacía la menor concesión a la retórica. El modo en que entendía el marxismo no era dogmático. Comprobaba en la vida las tesis de los clásicos, y procuraba enriquecerlas con la experiencia criolla y cotidiana. Tenía un respeto total por el Partido de Lenin y por la Internacional Revolucionaria que Lenin fundara, pero discernía, sin embargo, con mirada cubana qué parte de aquella experiencia universal era aplicable a nuestra dimensión insular y cuál no debíamos imitar.
El 21 de julio de 1983, en el Palacio de la Revolución, el Comandante en Jefe colocó sobre su pecho la estrella dorada que lo acreditaba como el primer Héroe del Trabajo de la República de Cuba.
El 25 de abril de 1987, dejó de existir víctima de una prolongada enfermedad. Cumpliendo su solicitud de ser enterrado “en tierra pelada”, la Dirección de la Revolución acordó sepultarlo en tierras de El Cacahual, con una modesta lápida como única identificación, sitio donde descansan los restos del Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales y de su ayudante el capitán Panchito Gómez Toro.
El ejemplo de hombres de la estatura revolucionaria de Blas es más necesario que nunca. Apegados a nuestra historia y a las lecciones que dejó en el bregar por la vida nos corresponde trabajar con espíritu creador para que las nuevas generaciones de cubanos conozcan, y se adentren en ella cabalmente, la vida y obra de hombres que como él, en diferentes épocas, constituyen parte inseparable de las mejores tradiciones de lucha de nuestro pueblo como continuadores de la lucha en la Isla.

