Sangre artemiseña impregnada en el Moncada

Valerosos jóvenes cubanos ofrendaron su vida por la Revolución. Carmelo Noa Gil, fue uno de los combatientes artemiseños escogidos por Fidel para integrar el grupo que atacó el Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, donde perdió la vida.

 

Había nacido 27 años atrás, el 16 de julio de 1926, en la finca San Miguel, barrio de Capellanías en Artemisa.

 

Muy joven, declaró su oposición a las dictaduras pro imperialistas de la época, e inició las actividades revolucionarias contra el régimen opresor imperante.

 

Carmelo, quien provenía de una familia de campesinos, comenzó temprano a labrar la tierra, en apoyo a los padres. Con 13 años tuvo que abandonar la escuela para incorporarse a trabajar en una vaquería cercana a su vivienda, y contribuir a la precaria economía de su numerosa familia.

 

El golpe de Estado de Batista, el 10 de marzo de 1952, produjo un verdadero impacto en la conciencia de Carmelo. Creció su odio por el ejército de la tiranía y comenzó a contactar con los revolucionarios para incorporarse a la lucha.

La amistad con Julito Díaz, viabilizó las relaciones interpersonales de Carmelo, con jóvenes liderados por Fidel. Participaba en movilizaciones y encuentros de adiestramiento militar.

Uno de los escenarios más utilizados por los artemiseños para la práctica de tiros, fue la finca Capellanías. Allí, Carmelo, junto a Ciro Redondo, Pepe Suárez, y otros compatriotas, disparaban con escopetas de caza, para perfeccionar la puntería, y después ocultaban las armas en una cueva de galería en las entrañas de la tierra.

Noa Gil, era noble de carácter pero firme de convicción, a pesar de su juventud. Integró el grupo que se movilizó desde Artemisa hacia la capital cubana, el 24 de julio de 1953. En la mañana de ese viernes, Carmelo transitaba de prisa, y asistió a la vaquería donde laboraba, para solicitar unos días de vacaciones para ir a los carnavales de Santiago de Cuba con unos amigos.

Llegada la hora, se despidió de su madre, y partió hacia la capital cubana, con destino a Santiago de Cuba. Esa fue la última vez que sus familiares vieron con vida a Carmelo.

El contingente de valerosos jóvenes artemiseños escogido por Fidel, descollaba por la excelente puntería y coraje de sus miembros. Entre ellos, sobresalió   Carmelo Noa Gil, quien asumió la misión de integrar el grupo que bajo el mando directo de Fidel, debía penetrar al Moncada por la posta tres, operación más difícil del ataque, la cual realizó, respondiendo a la confianza que en él depositó el líder de la Revolución. La acción de este grupo de vanguardia se cumplió con éxito, pese al fracaso militar del resto del plan.

En Artemisa se conocía la desaparición de un grupo numeroso de jóvenes, y los rumores indicaban la participación de ellos en los sucesos acaecidos en Santiago de Cuba y Bayamo.

 

Carmelo Noa Gil, fue uno de los combatientes artemiseños caídos en las acciones del Cuartel Moncada, junto a sus coterráneos Flores Betancourt Rodríguez, y Guillermo Granados Lara.

 

Después de los sucesos del 26 de julio de 1953, los órganos represivos de la tiranía batistiana, desataron el terror en las familias y amistades de los heroicos jóvenes asaltantes del Moncada.

Carmelo Noa Gil, había cumplido su palabra:”…cuando suene el primer tiro, allí estaré yo”.

Alguna vez, en conversación con la madre expresó su deseo: "Vieja, cuando me toque morir, quisiera que me enterraran donde mismo está sepultado Martí". Cumpliendo su voluntad expresa, durante algún tiempo los restos de Carmelo Noa Gil, descansaron en la necrópolis de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba; a pocos metros donde reposan los de nuestro Héroe Nacional, José Martí.

Una vez construido el Mausoleo a los Mártires de Artemisa, los restos de Carmelo Noa Gil, fueron trasladados hacia ese sitio histórico donde descansan hoy todos los jóvenes artemiseños participantes en las acciones del Moncada.

Han transcurrido 65 años, pero cuando uno camina por la Ciudad Escolar 26 de julio, otrora cuartel Moncada, rememora el ejemplo de los héroes y mártires de la generación del centenario, que está implícito en el pensamiento de cada revolucionario.


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