Múltiples fueron las risas de un grupo de jóvenes cuando atravesé el parque junto a Alberto el instructor de danza. Alberto fue mi compañero de estudios durante toda la primaria y secundaria, luego la vida nos unió en un centro educacional maravilloso, formador de instructores de arte.
Hoy mi amigo es un respetable profesional de la danza, tiene un grupo de creación integrado por niños con necesidades educativas especiales y además, ha sido reconocido en varias ocasiones por su trabajo meritorio en la provincia.
Pero mi amigo Alberto, que bien pudiera ser Jesús, Yoel, Jorge, Yasmany, incluso Irma, Mercedes, o Aimé, además de ser buen hijo, buen vecino y militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, es homosexual, e inevitablemente rasgos amanerados brotan en su accionar cotidiano. Pero cuidado!… nunca llegando al choteo de su comportamiento como ser social.
Vuelvo al principio, ¿Por qué las burlas? ¿Por qué la discriminación? ¿Acaso conocen esos jóvenes sobre la vigencia y legalidad de los derechos sexuales?. Los derechos sexuales o el derecho a la sexualidad hacen referencia al derecho humano reconocido a expresar la propia sexualidad sin discriminación, reconoce el derecho a la libertad de orientación sexual de las personas y su diversidad, ya sea esta heterosexual, homosexual, lesbianas, bisexuales y personas transgénero, así como la protección de esos derechos sexuales. El derecho a la no discriminación es la base del derecho a la sexualidad, pero está estrechamente relacionado con el ejercicio y la protección de otros derechos humanos fundamentales.
Parece una redundancia y un abuso del término sexualidad y sus derivados, pero no lo es. Son un cúmulo de ideas para incentivar, implantar y reconocer el derecho que tiene cada ciudadano de disfrutar este regalo de la vida amando según nuestros gustos y preferencias, siempre basado en el respeto y en la autorresponsabilidad.
Considero que ser homosexual no significa obligatoriamente ser promiscuo, cada hombre o mujer debe cuidar de sí y de los demás, sin importar nuestras preferencias sexuales. Esa será el arma mortal para enfrentar grandes molinos de este siglo como lo es el VIH-SIDA.
Termino mi comentario diciéndoles que Alberto no se amilanó ante las miradas y las risas que insinuaban tantas groserías hacia él; siguió su camino y me confesó ‘'Voy muy contento a reunirme con mis compañeros para lo de la guerrilla artística en el verano, un grupo de muchachos malintencionados no va a arruinar mi día''.