Heroína de la juventud revolucionaria

Nuestra América cuenta con memorables páginas de historia, y valiosos jóvenes, entre ellos, mujeres, quienes ofrendaron su vida en las luchas contra regímenes pro imperialistas. Una de esas féminas fue Livia Gouverneur Camero, nacida el 15 de julio de 1941 en Caracas, Venezuela.

Por sus convicciones y ejemplo, trascendió las fronteras del terruño que la vio nacer. Su nombre distingue a una escuela de la enseñanza primaria del municipio de San Antonio de los Baños, ubicado en la provincia de Artemisa.

 

La joven venezolana, causa admiración porque supo empinarse como pidió Mariana Grajales, -la madre de la Patria cubana-, a sus hijos. Como otras chicas de su tiempo, era honesta, generosa, inteligente, y sensible, además de alegre y amorosa con las personas humildes, a quienes entendía plenamente por ser fruto de un hogar de proletarios, y la mayor de once hermanos que crecieron en una familia de insuficientes recursos económicos.

 

Muchacha hacendosa y aficionada a la literatura, escribió versos desde los siete años, que después leyó a familiares y amigos. Gustaba del teatro, medio de expresión artística en el que debutó como actriz aficionada.

 

Su avidez por la lectura la incitó a estudiar mucho, en especial Psicología, en la Universidad Central de Venezuela, donde intercambiaba criterios con los profesores, quienes se sorprendían por la madurez de su pensamiento.

 

Como militante del Partido Comunista de Venezuela, y miembro de la Unidad Táctica de Combate “21 de Noviembre”, con tan solo 20 años de edad, Livia desafió una tenaz lucha contra la represión instruida por Estados Unidos, durante el gobierno de Rómulo Betancourt.

 

Ella sentía gran admiración por Cuba, y fue de las primeras en marchar en los actos de solidaridad con nuestro pueblo en Venezuela. El gobierno de Betancourt mantuvo la presencia de mercenarios en Caracas con el propósito de apoyar agresiones contra la Revolución Cubana, liderada por el Comandante en Jefe Fidel Castro.

 

En la noche del primero de noviembre de 1961, brigadas de estudiantes de la Universidad Central de Venezuela protestaban por la presencia de un grupo de cubanos defensores de la dictadura de Fulgencio Batista, en la avenida Las Acacias, cerca de Plaza Venezuela, en Caracas. Durante la manifestación estudiantil, contra esos grupos desestabilizadores, Livia Gouverneur recibió un disparo que cercenó su vida.

 

Pese a la fuerte presión de las autoridades venezolanas de entonces, los estudiantes llevaron el cadáver de Livia hasta la Universidad que tanto ella amó, y le rindieron los honores merecidos. Su velorio devino una impactante movilización popular, de dolor y repudio a la acción asesina, donde la multitud enarboló banderas y cantó himnos revolucionarios.

 

Esta heroína de la juventud revolucionaria, joven soñadora y militante comunista, luchó hasta el último aliento por la ilusión de Patria y Libertad; y fue inmortalizada por el poeta y abogado Humberto Cuenca como “La Virgen Roja de los estudiantes”. El ejemplo de Livia Gouverneur ilumina el pensamiento de quienes se niegan a dejar de luchar y de construir otro mundo posible y necesario.