Apostillas del San Antonio colonial

Puente antiguo de la Calle Real. Foto: Tomada de ''Historia descriptiva de la villa de S. Antonio Abad de los Baños y su jurisdicción en la siempre fiel Isla de Cuba'' de Manuel de Garay y Echevarría.Puente antiguo de la Calle Real. Foto: Tomada de ''Historia descriptiva de la villa de S. Antonio Abad de los Baños y su jurisdicción en la siempre fiel Isla de Cuba'' de Manuel de Garay y Echevarría.El regreso de Fernando séptimo al trono de España en 1813 permitió a los criollos ciertas reformas. El 10 de febrero de 1818, Don Francisco de Arango y Parreño consiguió, por su amistad con el Rey, una Real Orden para abrir los puertos de Cuba a los extranjeros sin restricción alguna.

Durante el gobierno del Marqués de la Torre, entre 1774 y 1775, se realizó el primer censo oficial de Cuba. Para esa fecha los habitantes del caserío que después sería San Antonio, fueron incluidos en Santiago de las Vegas.

En 1801 se confeccionó un censo local que arrojó 6038 habitantes, de los cuales más de 2000 eran esclavos. En 1804 se realizaron las primeras vacunaciones contra la viruela, suministradas por Tomás Romay. La negativa de los pobladores, fundamentalmente del sector rural, obligó a las autoridades a tomar medidas. Mientras más se organizaba y crecía la Villa del Ariguanabo, el único puente de madera con que contaba necesitaba reparación. Abierta una suscripción popular se pidió al ingeniero Francisco Lemour que presentara los planos y dirigiera la construcción de un puente de piedra. El 6 de mayo de 1805 se concluyó el conocido puente de la Calle Real.

Por razones geográficas no abundaron en territorio ariguanabense los palenques de esclavos. Quienes huían buscaban refugio con los apalencados pinareños. En la Conspiración de Aponte, de 1810, participaron negros libres de la jurisdicción. Fueron ellos Francisco González Galano, Juan Brañas y Desiderio Malagamba. Acusados de ser agentes conspiradores en Alquízar y San Antonio, fueron remitidos a la fortaleza de La Cabaña, donde se encontraba el propio Aponte. Todo parece indicar que ese movimiento tuvo poca posibilidad de propaganda por lo disperso y poco numeroso de las dotaciones de la región. La acción judicial se limitó a la detención de los agentes y algunas investigaciones entre los amigos de los encartados. El proceso que frustró la insurrección, aumentó el temor de los dueños de esclavos a un levantamiento victorioso. Ello los hizo reforzar la vigilancia y hacer más riguroso el aislamiento entre las dotaciones.


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