Natural de San Antonio de los Baños, Eduardo Abela Villareal, nació el 3 de julio de 1889. Fue un notable pintor, dibujante y caricaturista; creador del personaje “El Bobo”, y autor de la obra “Guajiros”, paradigmática pintura de las artes plásticas cubanas. Inició su vida laboral como tabaquero, y manifestó una definida vocación pictórica, que lo incitó a ingresar en la Academia de Bellas Artes San Alejandro, en La Habana.
Parte de su vida residió y trabajó en el exterior, donde adquirió conocimientos que aplicó en sus creaciones con novedosas técnicas. En su vocación de dibujante humorista, en 1925 revivió la estampa de “El Bobo”, que existía desde el período colonial y que lo convirtió en instrumento de lucha contra la dictadura pro imperialista de Gerardo Machado. El personaje le dio a Abela notoriedad como humorista ingenioso, mayor influencia en el medio social y un desenvolvimiento económico.
Los cartones del artista eran buscados cada día por los lectores, pues El Bobo burlaba censuras y pasaba por tonto, pero era tan astuto como tantos cubanos de la calle. Esa imagen permaneció hasta la caída de la tiranía de Machado en 1933, fecha en que cesó el personaje y marcó el final de su labor periodística. En ese quehacer realizó dibujos costumbristas para la prensa capitalina, caricaturas para el periodismo gráfico; y colaboró con la publicación satírica El zorro viejo que se editó en el Ariguanabo, en el período de la República.
En la trayectoria artística del ariguanabense, sobresale que en la década del 20 del pasado siglo, cultivó una pintura basada en el bohío, el guajiro y la noche campesina, entre otros temas cubanos, en los que se destacan las obras: La comparsa, Camino de Regla y Los funerales de papá Montero.
Se inspiró a rehacer su trabajo como pintor, fascinado por la pintura Renacentista, apreciada durante su estancia en Italia. También lo hizo bajo la influencia del Muralismo, adoptando el tema campesino, que lo consideraba más identificado con la realidad cubana.
El resultado es una serie de obras que conforman una breve etapa clásica y criolla. “Retrato de Carmen”, “Los novios” y “Guajiros”, premiada en la segunda Exposición Nacional de Pintura y Escultura de 1938, y que constituye además una de las imágenes geniales del arte moderno cubano, en la que se estableció cánones representativos y temáticos y sobresalió en el quehacer artístico de la época.
Abela, creó el Estudio Libre para Pintores y Escultores, como parte de una enseñanza verdaderamente estimuladora de la creación artística. Se integró a la labor de los pintores que introdujeron lenguajes artísticos más actualizados y exhibió su obra en la muestra de Arte Nuevo.
Entre 1942 y 1952, desempeñó misiones diplomáticas en México y Guatemala; en este último país recibió el Premio Nacional de Pintura, en 1947. Allí también realizó la obra “El Caos”, que marcó una valiosa evolución del lenguaje expresivo de cuadros de mediano formato a piezas de pequeña escala; y de un modelado sólido de figuras a una atmósfera en detalles.
Durante su estancia como diplomático, el destino le propinó la repentina muerte de su esposa Carmen Alfonso, trauma que transformó su visión pictórica.
Volvió a París, donde tras recobrar la voluntad creadora, sus óleos reflejaron lugares agradables poblados de aves, hadas bondadosas y niños, incluso, apeló a la práctica de la técnica de Tinta derramada, de la que brotaron formas surrealistas, temática que continuó desarrollando hasta su desaparición física en la capital cubana.
El reconocido artista de la plástica, Eduardo Abela Villarreal, falleció en la urbe habanera, el 9 de noviembre de 1965. Su maestría denota una renovación visual que lo sitúa entre las personalidades cimeras de la pintura, el dibujo y el arte caricatural cubano y universal.