Ruido
La vida en sociedad implica respeto. La convivencia sana tiene que estar en total armonía con nosotros mismos y con los demás. Necesitamos educar en la civilidad y exigir respeto.
Se aproximan las vacaciones y con ellas el disfrute del tiempo libre. Pensemos que nos rodean personas de diferentes edades junto a otras que no disfrutarán ahora del descanso o simplemente decidirán cómo recrearse. No estamos hablando de vivir en la tristeza y la amargura, pero tampoco en la agresividad, el ruido y la bulla.
La vida moderna impone sonidos que el hombre de antaño no conoció, pero eso no implica que tengamos que imponerles a los demás nuestros gustos o estilos de vida. No tenemos derecho a perturbar la tranquilidad y la paz que por derecho le pertenece a cada individuo. Debemos coincidir en no elevar los decibeles de la música en nuestros hogares por muy felices que nos sintamos, evitar las griterías, la práctica de deportes en espacios públicos hay que pensar en los otros, qué hacen, qué estado de salud tienen o simplemente respetar la decisión de oír lo prefiere.
Todos debemos coincidir en que el ruido daña la salud ya sea por la gritería en el barrio, vociferando o poniendo la música sin control de horario o volumen. En los últimos años en Cuba ha aumentado la contaminación sonora y gran parte de sus habitantes están expuestos a sufrir pérdida de la audición y otros trastornos de salud, pues se encuentran sometidos a niveles de ruido superiores a los 65 decibeles, límite máximo al que se puede exponer el ser humano sin que ello le ocasione malestares, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud.
Aunque muchos piensan que el ruido solo afecta al sistema auditivo, los especialistas clínicos consideran que cuando se detecta la sordera en un paciente, ya este ha convivido con una permanente alteración nerviosa, desórdenes digestivos, insomnio, agresividad, fallos de la visión, hipertensión arterial y bajo rendimiento productivo.
Las leyes y la información hablan por sí solas, pero falta más acción y menos complacencia. La solución no es una multa pero ello también contribuye. Se impone acatar las leyes junto a elevar la responsabilidad, conciencia y cultura ciudadana. Cuando los muchos exigimos y actuamos, a los pocos se les acaba el terreno de la impunidad.