El 12 de junio de 1847 se creó en San Antonio de los Baños la Tenencia de Gobierno. Los tenientes gobernadores eran pequeños capitanes generales con las facultades absolutas en lo militar, político, judicial, administrativo y social. Para combatir los crímenes de la época uno de los tenientes gobernadores de la Villa decidió crear un bando para combatir los continuos atracos y crímenes que sucedían en el territorio.
El 11 de junio de 1858 el teniente gobernador de San Antonio de los Baños, Comandante Alejandro Badiola y Lizarralde, elegido el 26 de mayo de ese año, dictó una medida para combatir los frecuentes crímenes que ocurrían por aquellos años. El bando dictado por Badiola planteaba que todos los vecinos debían presentarse a caballo o a pie, con machetes, voluntarios o rurales, con las armas que usan al teniente o cabo de ronda, en el lugar donde ocurriera un crimen.
Además era su deber avisar rápidamente de finca en finca. Los encargados del lugar donde se cometió el delito tenían que tocar la campana que sirviera como aviso a los demás. Los tenientes y cabos de cuartón reunirían a toda la gente posible y se trasladarían hacia el lugar del hecho. Así podían capturar a los sospechosos. El bando señalaba también que quien no acatara lo dispuesto tenía que pagar una multa de 20 pesos y cumplir la pena, según las leyes.
Según plantea José Rafael Lauzán en su obra Historia Colonial Ariguanabense, el bando del Comandante Alejandro Badiola y Lizarralde tuvo muy poco efecto. El bandolerismo siguió endémico en el campo. La causa fundamental estaba dada por la desigualdad y las injusticias que existían entre las clases sociales de la época. Ello provocaba que los rebeldes manifestaran venganza de aquel medio que lo marginaba. Fueron muchos los asesinatos, asaltos, exigencias de dinero, robos a mano armada, incendios, así como la cantidad de bandas y bandoleros muertos por la Guardia Civil.
Realmente el bando organizado por Badiola no podía remediar esta situación. Cuando sonaba una campana y empezaban a sumarse campanas y fotutos se formaba una confusión que los bandoleros aprovechaban para escapar. Además, como los actos de robo en los caminos y en las fincas eran a diario, raro era el día que no se produjera un aviso, siempre con resultados desfavorables.
Fuente: Historia Colonial Ariguanabense, de José Rafael Lauzán

